¡Vengan, vayamos!

Vengan, cantemos con júbilo al Señor;
    aclamemos a la roca de nuestra salvación. — Salmo 95:1

Desde el inicio, con la línea de apertura, “¡Vengan y con alegría aclamemos al Señor!”, el Salmo 95 es una invitación a alabar al Señor. Pero, ¿adónde vamos exactamente?

Los maestros místicos que vivieron en la ciudad santa de Safed en Israel durante el siglo xvi, interpretaron este versículo como un estímulo para realmente ir a un lugar especial cuando alababan al Señor. Una vez a la semana, dejaban el ajetreo y el bullicio de la ciudad y salían a los campos y a los bosques con el fin de conectarse con el Señor.

Pero también hay otra interpretación del verso que influye en la forma en que vivimos todos los días.

Escuché la siguiente historia de mi amigo Avi, un rabino con una floreciente congregación. Al igual que muchos líderes de la comunidad, Avi es un hombre muy, muy ocupado. Un día, de forma poco habitual, Avi estaba tomándose un descanso para hablar con su padre. Su padre le estaba diciendo que planeaba visitarle y quería que Avi lo recogiera en el aeropuerto… ¡justo en la hora pico!

“Papá, te amo, pero simplemente no puedo salir por tanto tiempo. Voy a enviarte un servicio de transporte”, ofreció Avi. Pero el padre quería que su hijo le diera la bienvenida en el aeropuerto e  insistió en que Avi fuera a recogerlo.  De nuevo, mi amigo le dijo: “Papá, te quiero mucho, pero no puedo ir”. El padre contestó: “sólo ven”.  “Te amo, pero no puedo”, seguía el estribillo de Avi. Después de varios intercambios similares, el padre de Avi ya no aguantaba más.

“Deja de amarme tanto y sólo recógeme en el aeropuerto”, le dijo y colgó el teléfono.

Los sentimientos no significan mucho si no se concretan en acciones.

Volviendo a nuestro salmo, ¿adónde nos invita a ir el salmista cuando nos convoca: “¡Vengan y con alegría aclamemos al Señor!”? ¡A cualquier parte y a todos los lugares! Cada sitio en el que podamos transformar nuestros sentimientos de amor en acciones de servicio, ahí es adonde el salmista quiere que vayamos. Ir a algún lugar y hacer algo bueno. Esta es la máxima alabanza al Señor.

¿Un hogar de ancianos? ¿Un comedor de beneficencia?, o tal vez, ¿tan sólo el aeropuerto para recoger a un familiar o a un amigo? ¿Adónde puede usted ir en alabanza al Señor? Elija una acción que pueda realizar hoy, que refleje cómo se siente con respecto a Dios. Convierta su amor en acciones y su corazón en manos.