¡Ven conmigo!

“El Señor le dijo a Moisés: ‘Ve a hablar con el faraón. En realidad, soy yo quien ha endurecido su corazón y el de sus funcionarios, para realizar entre ellos mis señales milagrosas’”. (Éxodo 10:1, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Bo, es de Éxodo 10:1 – 13:16 y de Jeremías 46:13-28.

El nombre de la porción de la Torá de esta semana es Bo, que proviene de las palabras: “Ve a (…) faraón…”. Si bien la palabra Bo se traduce como “ve” en este versículo, la traducción literal de la palabra hebrea es “ven”. Así, el versículo literalmente diría: “Ven al faraón”. Ciertamente, “Ve a (…) faraón…” tiene más sentido. Así que, ¿por qué el versículo no utiliza el equivalente hebreo de la palabra “ve”? ¿Cuál es el significado detrás de la palabra “ven”?

La tradición judía enseña que en aquel momento Moisés se mostraba reacio a continuar su misión; él se estaba cansando y el faraón seguía siendo muy poderoso. La duda comenzó a invadirlo. ¿Podría realmente cumplir la tarea que Dios le había dado?

Dios entendía cómo se sentía Moisés, por lo que le dijo: “Ven conmigo y juntos vamos a ir al faraón”. La Escritura registra una versión abreviada de esta declaración que, entre líneas, apunta a esta interpretación. Dice así: “Ven al faraón”. Dios le estaba diciendo a Moisés que no estaba solo, que Dios estaba allí con él. Lo único que Moisés tenía que hacer era venir a Dios y seguirle.

¿Sabía usted que según la tradición judía sólo una quinta parte de los hijos de Israel salieron de Egipto? ¡Es correcto! Cuatro quintas partes de los israelitas (2.4 millones de ellos) nunca llegaron a salir. De hecho, según la tradición, ¡escogieron no hacerlo!

Estas personas no tenían ningún interés en dejar el único lugar que conocían para ir a algún destino desconocido en el futuro. En la porción de la Torá de esta semana, Dios le dice a Moisés y a todos los israelitas, e incluso a todos los egipcios: “¡Vengan conmigo!” Algunos egipcios se unieron a los israelitas y optaron por seguir a Dios. Sin embargo, lamentablemente, las cuatro quintas partes de los israelitas decidieron quedarse atrás.

Amigos, si escuchan atentamente todavía se puede escuchar el llamado de Dios diciendo: “¡Ven conmigo!”. ¡Esa invitación nos la hace él todos los días! Cada hombre, mujer y niño tiene la oportunidad de seguir a Dios dondequiera que él le lleve cada día. Pero es incómodo y atemorizante, y además no sabemos a dónde nos llevará Dios.

Muchos de nosotros elegimos decir: “No, gracias”, y nos quedamos justo donde estamos. No nos arriesgamos a tomar el paso que nuestro corazón nos dice que debemos tomar. No levantamos la voz cuando sabemos que deberíamos hacerlo. No realizamos las acciones que sabemos que son la voluntad de Dios. Pero, ¿adónde conduce tal camino?

Recuerden amigos, los que apostaron por lo “seguro” en Egipto se quedaron atrás. Escojamos seguir a Dios, dondequiera que nos lleve, ya que a donde sea que él vaya, es el único lugar donde debemos estar.