Valioso

. . . quedándose solo. Entonces un hombre luchó con él hasta el amanecer. — Génesis 32:24

La porción de la Torá de esta semana, Vaishlaj, es de Génesis 32:3-36:43 y de Abdías 1:1-21.

La Escritura nos dice que la noche antes de que Jacob se encontrara con su hermano Esaú, se quedó solo. Pero, ¿cómo es eso posible? Tan sólo dos versículos antes, leemos que Jacob tomó a toda su familia y todas sus posesiones y cruzó el río de Jaboc. ¿No estaba rodeado de sus mujeres, sus once hijos y todos sus siervos?

Los eruditos enseñan que después de cruzar el río, Jacob volvió al otro lado con el fin de recuperar algunas jarras y tarros pequeños que había dejado sin querer. Así fue como quedó solo, y fue entonces cuando se encontró con el hombre con el que luchó hasta el amanecer.

Vamos a poner esto en perspectiva. En ese momento, Jacob era un individuo extremadamente rico. ¿Qué estaba haciendo cruzando un río, en lo que podría ser la víspera de una guerra catastrófica, con el fin de recuperar unos pocos artículos de bajo costo y fácilmente reemplazables? ¡Esto sería parecido a un millonario como Donald Trump, que cruzara la ciudad de Nueva York para recoger una moneda de 25 centavos que se le hubiera caído horas antes!

Los eruditos explican que para Jacob, todas las cosas –incluso las cosas más insignificantes– eran valiosas. Jacob entendía que todo lo creado en este mundo tiene un propósito. Todo tiene sentido. Todo tiene valor. No importa cuánto cueste o cuán reemplazable sea. Todas las cosas que Dios ha puesto en nuestra vida tienen algo que añadirle. Si no fuera así, no estarían allí.

A veces la lección que tenemos que aprender de los objetos en nuestros hogares, es que hay un tiempo para tirar las cosas. A veces tenemos que aprender a desprendernos de objetos materiales o a seguir adelante. Sin embargo, por las cosas materiales que funcionan correctamente y sirven un propósito en nuestra vida, debemos tener respeto y tratarlas de forma consecuente. En una sociedad donde casi todo es desechable, tenemos que hacer una pausa y recordar que todo tiene valor.

Eche un vistazo alrededor de su casa y mire sus posesiones con ojos nuevos. ¿Qué propósitos sirven? ¿Qué se puede aprender de un par de zapatos o una copa? ¿Cómo puede usar lo que tiene para servir al Señor?

Cuando nos tomamos el tiempo para apreciar el valor de nuestras posesiones, las tratamos con mayor respeto, y nos hacemos dignos del respeto de Dios, porque actuamos con honor.