Una actitud de gratitud

Dijo también el Señor a Moisés: “Dile a Aarón que tome su vara y extienda el brazo sobre las aguas de Egipto, para que se conviertan en sangre sus arroyos y canales, y sus lagunas y depósitos de agua. Habrá sangre por todo el territorio de Egipto, ¡hasta en las vasijas de madera y de piedra!” — Éxodo 7:19

La porción de la Torá de esta semana, Vaierá, es de Éxodo 6:2—9:35 y de Ezequiel 28:25—29:12.

Moisés y Aarón tenían funciones claramente definidas. Moisés sería el líder de los hijos de Israel, pero Aarón sería su portavoz, ya que Moisés se sentía limitado por su impedimento en el habla. Aarón hablaría, Moisés actuaría. Aarón haría las promesas, Moisés las cumpliría. Los dos hermanos formaban un equipo, cada uno aportaba sus puntos fuertes y compensaba las debilidades del otro.

Por lo tanto, los eruditos quedan desconcertados ante el hecho de que fue a Aarón, no a Moisés, al que se le instruyó producir las tres primeras plagas, después de advertir al faraón. ¿No era este el campo de Moisés? Moisés concretó el resto de las plagas; ¿por qué no las tres primeras?

Los eruditos explican que si bien debería haber sido Moisés el que produjera las tres primeras plagas, Dios hizo una excepción por una muy buena razón. ¿La razón? Gratitud.

Las dos primeras plagas implicaban atacar el Nilo. El primer acto lo convirtió en sangre y el segundo trajo la plaga de ranas, que salieron del río. El Nilo había sido bueno con Moisés; cuando bebé, con fidelidad lo había llevado sano y salvo a los brazos de la hija del faraón. Moisés le debía la vida al Nilo y por lo tanto era impropio que él lo dañara.

La tercera plaga, la de piojos, se produjo al golpear la tierra. Moisés estaba agradecido con la tierra también. Cuando mató al egipcio, la tierra se tragó el cuerpo para proteger a Moisés de un daño inmediato, dándole tiempo de huir al desierto para estar a salvo. Moisés le debía la vida a la tierra también.

Al elegir a Aarón para iniciar las primeras tres plagas, Dios le estaba enseñando a Moisés –y a todos nosotros– una poderosa lección acerca de la gratitud: si tenemos gratitud para con los objetos inanimados, tal como los ríos y la tierra, ¡cuánto más debemos tener gratitud para con las personas! Cuando aprendemos a estar agradecidos por todo en nuestras vidas, llegamos a entender cómo estar agradecidos por las personas en nuestras vidas también.

La esclavitud de los israelitas en Egipto comenzó con ingratitud: los egipcios fueron ingratos al subestimar la ayuda que José les había dado. Su rescate se inició con gratitud.

Amigos, la redención comienza siempre con gratitud. Cuando nos enfocamos en los desafíos de la vida y en todo lo que no tenemos, menospreciamos todo lo que tenemos. Nos volvemos ciegos a nuestros recursos y oportunidades. Aparte algún tiempo esta semana para apreciar todos los dones que tenemos en nuestra vida: las cosas y las personas. Al hacer esto, daremos nuestros primeros pasos hacia la libertad personal y una relación eterna con Dios.