Un tesoro enterrado

El Señor le dijo a Moisés: “Labra dos tablas de piedra semejantes a las primeras que rompiste. Voy a escribir en ellas lo mismo que estaba escrito en las primeras.” — Éxodo 34:1

La porción de la Torá de esta semana, Ki Tisá, es de Éxodo 30:11–34:35 y de 1 de Reyes 18:1–39.

Hay un antiguo cuento jasídico sobre un judío pobre y temeroso de Dios, que vivía en la ciudad de Praga. Una noche, el hombre tuvo un sueño en el que él viajaba a Viena y allí, en la base de un puente que conducía a la casa del rey, se encontraba un tesoro enterrado. Al principio, el hombre desestimó el sueño pensando que era una tontería, pero a medida que el sueño persistía, el hombre comenzó a creer que tal vez su mensaje era verídico.

Con el tiempo, el hombre se fue a Viena y encontró el puente que conducía a la casa del rey. El problema era que el puente estaba fuertemente custodiado por hombres armados. Durante varios días, el hombre se paseó cerca del puente sin saber qué hacer. Por último, uno de los guardias exigió saber en qué andaba. El pobre hombre se asustó y le contó al guardia todo acerca de su sueño y el tesoro enterrado.

El guardia se echó a reír y dijo: “Eso es ridículo. Si siguiera mis visiones, estaría camino a Praga en estos momentos. ¡Anoche soñé con un tesoro enterrado debajo de la casa de un pobre judío en Praga!” Acto seguido, el judío regresó a su casa, cavó en su sótano y de hecho encontró un tesoro. Había estado justo debajo de él todo ese tiempo.

Los eruditos enseñan que cuando Dios le ordenó a Moisés que labrase las nuevas tablas para los Diez Mandamientos, con el fin de reemplazar las que se habían roto, Moisés tuvo problemas para encontrar el zafiro necesario para su fabricación. Según la tradición judía, Dios se le apareció y le dijo que el zafiro estaba bajo tierra, ¡justo debajo de la propia tienda de Moisés! Al igual que el pobre hombre del cuento, Moisés había buscado lo que necesitaba por todas partes menos donde él estaba. Así también, al igual que el hombre, Moisés encontró que lo que necesitaba ya lo había tenido todo el tiempo.

Muchos de nosotros somos iguales al pobre hombre del cuento. Buscamos realización por todo el mundo. Creemos que podemos encontrarla en un automóvil nuevo, en unas exóticas vacaciones o tal vez en una nueva relación. Podemos gastar una cantidad infinita de tiempo y dinero buscándola, pero la verdad es que todo lo que necesitamos para realizarnos en la vida ya lo tenemos a través de nuestra relación con Dios.

Como parte de nuestras oraciones diarias, los judíos decimos cada mañana: “Bendito eres Tú, Dios, Rey del universo, que me has dado todo lo que necesito.” Todo lo que necesitamos, según el lugar donde nos encontramos en la vida en dicho momento, ya lo tenemos.

Antes de ir en busca de algún tesoro enterrado en otro lugar, trate de cavar primero dentro de usted mismo. ¿Qué puede encontrar? A Dios, la paz, el amor, la realización. Todo está en nuestro interior. Tan sólo hay que cavar un poco más profundo para encontrar el tesoro que hemos estado buscando durante tanto tiempo.