Un suave murmullo

Éstas son las leyes que tú les expondrás. — Éxodo 21:1

La porción de la Torá de esta semana, Mishpatim, es de Éxodo 21:1 – 24:18 y de Jeremías 34:8 – 34:22.

La porción de la Torá de esta semana, no tiene un nombre muy emocionante. Se llama “mishpatim,” la palabra hebrea para “leyes.” Sí, lo ha adivinado, la selección de esta semana tiene que ver con leyes: las normas y los reglamentos para vivir una vida determinada por la Palabra de Dios y su voluntad. De hecho, ¡hay más de 50 leyes enumeradas en esta porción!

Contrastándolo con la lectura de la semana pasada, en la que leímos de la entrega de los Diez Mandamientos en medio de truenos, relámpagos y experiencias místicas, el tema de esta semana puede parecer decepcionante. En comparación, parece un tema tranquilo; pero una vez que realmente entendemos de lo que se trata esta lectura, comprendemos que aquí es donde realmente se encuentra la acción.

Adelantemos algunos miles de años. Elías el profeta está huyendo para salvarse la vida, tratando de escapar de la persecución de la malvada reina Jezabel. De pronto se encuentra en el Monte Sinaí y Dios le dice que se pare en medio de la montaña, donde experimentará un encuentro con el Señor.

Escuche lo que sucede a continuación: “Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo” (1 Reyes 19:11-12).

Hubo un fuerte viento, seguido por el temblor de la tierra, al que le siguió una llamarada de fuego. ¡Todo fantástico y maravilloso! ¡Dios movió cielo y tierra! Pero Dios no estaba en el viento, ni en la tierra ni en el fuego. Más bien, Elías escuchó una voz suave y quieta, y ahí fue donde encontró a Dios.

Este pasaje nos enseña que, aunque los momentos de revelación e inspiración pueden ser maravillosos, no es ahí donde encontraremos a Dios. Es maravilloso ser conmovido por una hermosa puesta de sol o sentirse asombrado por una poderosa tormenta. Esas experiencias pueden hacernos sentir más conectados con Dios e inspirarnos a cambiar, pero no es ahí donde encontramos a Dios de la manera más profunda.

Realmente encontramos a Dios donde menos lo esperamos: en una tienda, en una reunión de negocios, cuando estamos en casa sentados con nuestra familia. Es en los momentos de tranquilidad en la vida cuando decidimos seguir la Palabra de Dios o dejar sus leyes a un lado, ahí es donde realmente encontramos a Dios.

A medida que transcurre el día, manténgase atento para escuchar ese “suave murmullo” guiándole e instruyéndolo mientras vive su vida. Cuando usted oye la voz de Dios y decide obedecer sus leyes, lo habrá hallado, sin importar dónde esté usted. ¡No hay nada más sensacional que eso!