Un salto gigante

“Pero el Señor le dijo a Moisés: ‘¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha! Y tú, levanta tu vara, extiende tu brazo sobre el mar y divide las aguas, para que los israelitas lo crucen sobre terreno seco’”. (Éxodo 14:15-16, NVI)

La porción de la Torá  de esta semana, Beshalaj, es de Éxodo 13:7 – 17:16 y de Jueces 4:4 – 5:31.

Naasón, hijo de Aminadab, es uno de los personajes bíblicos más conocidos, ¡aunque casi ni se le menciona en la Biblia! De hecho, aún hoy en día en Israel, es posible escuchar el término “nahshoni”, que significa “ser como Naasón”. ¿Quién era este Naasón y por qué debemos ser como él?

Los eruditos nos ofrecen una mirada tras bastidores, de uno de los momentos más famosos de la historia. Muchos hemos visto la película: Moisés (según la interpretación del actor Charlton Heston) se encuentra de pie en un acantilado, con los ansiosos israelitas detrás de él, habla majestuosamente de la grandeza de Dios y luego divide las aguas del mar. Los hijos de Israel caminan sobre tierra firme y después el mar colapsa sobre los egipcios que los persiguen.

Pero he aquí lo que realmente sucedió, según la tradición judía. Los hijos de Israel entraron en pánico: los egipcios estaban detrás de ellos y tenían el mar frente a ellos. ¿A dónde irían? Moisés permanecía en oración. Mientras tanto, cuando todos estaban tratando de decidir qué hacer, un hombre llamado Naasón se dirigió directamente hacia el mar, dando un paso de fe, pues estaba completamente seguro de que Dios cuidaría de él.

La tradición enseña que Naasón siguió caminando hasta que el mar llegó a su nariz. En ese momento Dios le dijo a Moisés: “¿Por qué clamas a mí?”. ¡El momento de orar había pasado y el momento de actuar estaba a la mano! Dios le dijo a Moisés: “Levanta tu vara, extiende tu brazo sobre el mar y divide las aguas, para que los israelitas lo crucen sobre terreno seco”, y así lo hizo Moisés.

Los eruditos enseñan que el mar no se abrió para que los hijos de Israel luego pudieran caminar a través de él; primero, un hijo de Israel (Naasón) entró en él para cruzarlo, y como resultado, las aguas se separaron.

Qué increíble lección de fe. Muchas veces nos sentamos, hablamos, deliberamos y oramos acerca de una decisión o una acción que debemos tomar. ¿Voy a tener éxito? ¿El dinero estará disponible para sostenerme? ¿Qué tengo que hacer? ¿Dónde debo ir? Es como si nos quedáramos esperando que el mar se abriera para así poder caminar fácilmente a través de él.

Podemos sentarnos a esperar por mucho tiempo, mientras la vida continúa. O bien, podemos dar un paso de fe; podemos dar un salto adelante como hizo Naasón, con la plena confianza de que Dios nos guiará. Amigos, ¡recuerden que Dios separó las aguas del mar por Naasón! ¿Qué puede hacer él por usted?

Sea un nahshoni, sea como Naasón: dé ese paso, dé ese salto y confié en Dios. Sígale con fe y él le guiará fielmente.