Un regalo para Dios

¿Cómo puedo pagarle al Señor
   por tanta bondad que me ha mostrado? — Salmo 116:12

¿Alguna vez ha sido objeto de un acto de bondad a tal punto que simplemente no tiene palabras para agradecerle a quien lo ha favorecido? ¿Qué hay de nuestros padres, amigos y familiares que nos han apoyado y amado? ¿Podremos alguna vez agradecerles lo suficiente? ¿Qué hay de Dios, quien nos ha dado todo lo que tenemos, incluyendo nuestras propias vidas? ¿Podremos llegar a agradecerle lo suficiente?

En el Salmo 116, el rey David se hace esta pregunta: “¿Cómo puedo pagarle al SEÑOR por tanta bondad que me ha mostrado?” El rey David estaba describiendo un momento en el que estuvo cerca de la muerte y Dios lo salvó. Como él mismo dijo, Dios detuvo sus lágrimas y no permitió que sus pies tropezaran.

Los eruditos explican que este salmo fue escrito cuando David ascendió al trono después de que Saúl, su adversario de mucho tiempo, finalmente murió. En aquel feliz momento, David rebosaba de gratitud. Pero, ¿cómo podría él, un simple mortal, agradecerle a Dios? ¿Qué podría él darle a aquel que no le falta nada?

He aquí la respuesta de David: “¡Tan sólo brindando con la copa de salvación e invocando el nombre del Señor!” (v. 13). Los sabios explican que se trata de una referencia a la libación de vino, una parte de la ofrenda de acción de gracias que David le presentaba a Dios. David le devolvía a Dios de la manera que Dios había prescrito: llevándole sacrificios. Pero hoy día, ¿qué podemos darle nosotros a Dios, si ya no tenemos la opción de llevarle sacrificios al Señor?

La palabra hebrea para sacrificio es karbon, que viene de la palabra karob, que significa “cerca.” Los sacrificios que se le llevaban a Dios no se trataban de la carne, el vino o la harina que se le presentaba. Se trataban de la cercanía que el sacrificio posibilitaba. Al servir a Dios, el adorador llegaba a estar más cerca de él. Como los profetas explican una y otra vez, Dios no tiene ningún deseo de meros rituales. Lo que Dios quiere es a nosotros mismos.

Dios quiere nuestros corazones; él quiere ser parte de nuestras vidas. Él quiere que nos volvamos a él en oración, con nuestros problemas y nuestra gratitud. Como nuestro Padre amoroso en el cielo, no quiere más que la cercanía de sus hijos. Dios nos ama infinitamente, pero para tener una relación con él, tenemos que devolverle ese amor.

Cuando ofrecemos nuestras oraciones, le estamos dando un regalo a Dios. Cuando nos sentamos y leemos nuestra Biblia, también le estamos dando un regalo de Dios. Cuando aplicamos sus enseñanzas y hacemos que Dios sea el centro de nuestras vidas, le damos gran placer. Dios nos dio nuestros cuerpos; nosotros le damos nuestra alma.