Un Dios, dos mundos

Como dirigen los esclavos la Mirada
 hacia la mano de su amo,
como dirige la esclava la mirada hacia la mano de su ama,
   así dirigimos la mirada al Señor nuestro Dios,
hasta que nos muestre compasión —Salmo 123:2

Hay una historia que se cuenta acerca de un rabino que luchaba por la libertad religiosa en la Rusia comunista. Una mañana, mientras el rabino oraba en la sinagoga, tres hombres entraron precipitadamente y detuvieron al rabino por sus acciones. Frente al consejo al que lo llevaron, conformado por hombres muy decididos, el rabino reafirmó que no iba a renunciar a sus actividades religiosas. Uno de los agentes le apuntó a la cabeza con el arma y dijo: “¡Este pequeño juguete ha hecho a más de un hombre cambiar de opinión!” “Ese pequeño juguete sólo puede intimidar a los hombres con muchos dioses y un solo mundo. Pero yo tengo un solo Dios y dos mundos, así que no estoy impresionado por su pequeño juguete”, respondió el rabino.

¡Qué increíble despliegue de valor y fe!

Como el rabino explicó, algunas personas tienen muchos dioses y están sujetas a muchas cosas: otras personas, puestos de trabajo, el dinero, sus pasiones y más. Asimismo, para muchas personas, este es el único mundo que importa. Algunos niegan la existencia de la vida después de la muerte; algunos reconocen que existe, pero están demasiado enfocados en las comodidades de este mundo como para valorar lo real que es el siguiente. Sin embargo, este rabino no estaba sujeto a nadie ni a nada que no fuera Dios. Su fe era inquebrantable, ya que creía con todo su corazón que viviría más allá de la muerte y que sería juzgado por su Creador. Su única preocupación era lo que Dios pudiera pensar de él.

En el Salmo 123, el salmista escribe: “Como dirigen los esclavos la mirada hacia la mano de su amo, como dirige la esclava la mirada hacia la mano de su ama, así dirigimos la mirada al Señor nuestro Dios…”. Con estas palabras, el salmista expresa su completa dependencia en Dios, y sólo en Dios. Al igual que un esclavo ve a su amo como la única persona en el mundo que puede proveerle, protegerlo y determinar su destino, así también debemos ver nosotros a Dios. Sólo Dios nos puede ayudar, sólo él nos puede salvar; nuestro destino ––tanto en este mundo como en el próximo–– está en sus manos.

Se ha dicho que: “El que teme al Uno, no le teme a nada, pero el que teme a muchos, teme a cualquiera.” Cuando somos esclavos de Dios y le tenemos temor sólo a él, no tenemos nada que temer, ni siquiera a un ejército entero de hombres. Pero cuando somos esclavos de muchas personas y cosas, temeremos la amenaza más pequeña, incluso si viene de una persona de poca importancia.

Diga estos versículos y siéntase fortalecido y empoderado. Con la ayuda de Dios, usted le puede hacer frente al más grande de los matones y descansar con la tranquilidad de saber que su único amo es Dios. Sólo a él servimos y sólo él es quien determina nuestro destino.