Un corazón circunciso

Por eso, despójate de lo pagano que hay en tu corazón, y ya no seas terco. — (Deuteronomio 10:16)

La porción de la Torá de esta semana, Ekev, es de Deuteronomio 7:12 – 11:25, y la Haftará es de Isaías 49:14 – 51:3.

Una vez, cuando estaba almorzando en un café en Jerusalén, una escena que se desarrollaba en una mesa cercana me llamó la atención. Había un niño gritando, en un estado de pánico, mientras que su madre desesperada trataba de vestirlo. Sobre la mesa había una camisa sucia. Lo que sucedió fue que en el proceso de ponerle la camisa limpia a su hijo, las manos del niño se habían quedado atrapadas en el interior de las mangas. Cuanto más forcejeaba el niño con su madre y agitaba sus puños cerrados, más difícil era para la mamá conseguir que moviera sus manos en la dirección correcta. Si el niño se hubiese calmado, su madre lo habría vestido en un instante, pero a medida que él agitaba compulsivamente las manos, sólo prolongaba lo que para él seguramente era una agonía.

A menudo pienso en aquella imagen y me pregunto si en la vida a veces hacemos lo mismo. ¿Nos agitamos a veces obstinadamente, luchando solos para alcanzar nuestras metas, cuando tranquilizarnos y confiar más en Dios nos llevaría a un mejor resultado? ¿Somos a veces como aquel niño, forcejeando contra Dios, nuestro Padre amoroso, él que está tratando de ayudarnos?

En nuestra porción de la Torá, nos encontramos con este interesante mandamiento: “Así que circunciden el prepucio de su corazón, y no sigan siendo obstinados.” ¿Qué significa eso exactamente?

El versículo implica que tener un corazón circunciso (o despojado) es lo opuesto de ser terco. La primera vez que a los israelitas se les llamó tercos, fue justo después de su pecado de fabricar el becerro de oro. En aquel caso, la expresión indica que en lugar de estar abiertos al plan de Dios, los israelitas, pensando que Moisés había desaparecido, se hicieron cargo ellos mismos de la situación. Ellos creían que necesitaban un líder y obstinadamente llevaron a cabo su plan de crear un ídolo. Ser obstinado es esa terquedad que hace que una persona se enfoque en una sola dirección y se cierre a Dios por completo. Tener un corazón circunciso es ser abierto y flexible, y estar dispuesto a recibir a Dios.

Un corazón abierto, sin embargo, es vulnerable. Es aterrador para nosotros estar abiertos y confiar tanto en Dios. Es la experiencia de soltarlo todo y dejarnos caer, confiando en que alguien nos sujetará. No es de extrañar que nuestra condición base sea la de mantener un corazón incircunciso. Creemos que de esa manera estamos seguros, pero la realidad es todo lo contrario. Sólo cuando nos abrimos a Dios, puede él cuidar de nosotros, protegernos y guiarnos por el camino correcto.

Aparte un tiempo para examinar su corazón esta semana. ¿De qué manera se resiste su corazón a Dios? ¿En qué áreas de la vida es usted terco y siente la necesidad de tener el control? ¡Abramos nuestro corazón a Dios y veamos cómo la vida se abre a nosotros!