Un ciclo creciente

En su angustia clamaron al Señor,
   y él los libró de su aflicción.— Salmo 107:6

El Salmo 107 es un canto de acción de gracias que describe el peligro inminente y la salvación de cuatro tipos de personas: una que cruzó un desierto, una que estando enferma había sido sanada; una que viajó a través de un océano y una que fue liberada de la cárcel. En conjunto, estas cuatro categorías se pueden ampliar para abarcar todo tipo de situaciones difíciles y peligrosas. Este salmo celebra la liberación, pero si se fija en él detenidamente, encontrará que también celebra los peligros y las dificultades.

El estribillo completo es: “En su angustia clamaron al SEÑOR, y él los libró de su aflicción.” Esta línea se repite cuatro veces en el salmo, en referencia a los cuatro tipos de personas que se están rescatando de su angustia. En cada caso, las dificultades que encontraron los llevaron a clamar a Dios, y cuando lo hicieron, fueron salvados.

En otras palabras, si no hubieran pasado por aquellas situaciones peligrosas, es posible que nunca hubieran clamado a Dios. Dios explica que muchos de aquellos afligidos “fueron rebeldes a los mandatos de Dios y despreciaron los proyectos del Altísimo” (v.11, RVC). Estas personas estaban lejos de él, por eso “Dios quebrantó su orgullo con trabajos pesados; caían, y no había quien los levantara” (v.12, RVC). Después de pasar por dificultades, estas personas no tenían a quien recurrir, sino a Dios. En el versículo siguiente dice que “clamaron al Señor,” y él los rescató de nuevo de sus problemas.

Hay un patrón claro y un diseño en los desafíos que agobiaron a estas personas. Estaban lejos de Dios, así que él los puso en peligro; entonces clamaron a Dios, y así nació una nueva relación. De hecho, nació una nueva persona.

Una vez escuché una muy buena explicación de este ciclo a través de una analogía. Imagine que usted es una semilla plantada en la tierra. Usted piensa: “¡Hasta aquí llegué! Estoy acabado. Nunca veré la luz del día otra vez”. Las cosas empeoran a medida que usted se deteriora y descompone. Pero un día, nota un gran avance. Una parte suya ha brotado de la tierra, y es el comienzo de un árbol. De repente se da cuenta de que no ha llegado a su fin; de hecho, su vida apenas comienza.

Pasar por dificultades es muy parecido a ser esa semilla. Podemos pensar que nuestro mundo está llegando a su fin; es peligroso y las cosas no se ven muy bien. Pero a menudo es esta percepción de peligro la que nos conduce a una relación renovada con el Señor. Cuando podemos acercarnos a Dios en nuestros momentos de angustia, estamos en cierto sentido renaciendo. Nuestro fin se convierte en nuestro principio y continuamos creciendo, cada vez más fuertes y más conectados que nunca.