Un buen desafío

Se pusieron a murmurar en sus carpas y dijeron: “El SEÑOR nos aborrece; nos hizo salir de Egipto para entregarnos a los amorreos y destruirnos.” — Deuteronomio 1:27

La porción de la Torá de esta semana, Devarim, es de Deuteronomio 1:1 – 3:2, y la Haftará es de Isaías 1:1-27.

Una vez, un colega compartió una afirmación que le había cambiado profundamente la forma en que veía su vida. Este amigo es un rabino en una de las comunidades judías más aisladas del mundo. Un día, un músico judío llegó a la ciudad y después de su concierto, mi amigo y el músico comenzaron a hablar. Mi amigo le contó al músico lo difícil que era ser rabino en una comunidad judía tan remota y pequeña. “Es extremadamente difícil,” dijo con un suspiro. “¿Quién dice que lo más fácil es lo mejor?”, respondió el santo músico.

En la lectura de esta semana, Moisés recuerda un momento en que los israelitas estaban seguros de que lo más fácil era lo mejor. Se quejaron con Moisés de que Dios los había sacado de Egipto, una tierra exuberante y generosa, con el fin de que fueran a Israel, una parte árida del mundo y fuertemente custodiada por sus habitantes.

En sus propias palabras: “El Señor nos aborrece; nos hizo salir de Egipto…

Los eruditos explican con una parábola lo que los israelitas querían decir. Imagine un rey que tiene dos hijos y dos campos, un campo bien irrigado y el otro árido y reseco. Al hijo que ama le da el campo irrigado; al que odia le da el campo árido. La tierra de Egipto es una tierra irrigada; el Nilo sube y la riega. La tierra de Canaán es árida, “y Dios nos sacó de Egipto para darnos la tierra de Canaán,” dijeron los israelitas.

Sin embargo, la verdad es que cuando Dios les dio a los hijos de Israel una tierra más difícil de cultivar, les estaba dando la mejor tierra. Porque a veces, lo más fácil es malo y lo difícil es bueno. Tal como los espías que fueron a inspeccionar la tierra confirmaron: “La tierra que el Señor nuestro Dios nos da es muy buena.” (Deuteronomio 1:25)

¿Qué es lo bueno de una tierra difícil?

Para cultivar la tierra de Israel, sería necesaria mucha oración, lo que acercaría el pueblo más a Dios. Se necesitaría mucho trabajo, lo que haría a la gente más humilde y mejoraría su conexión con la tierra. Muchas cosas buenas vienen del trabajo duro y la oración constante. Cuando todo es fácil y una persona descuida estas dos áreas, su vida llegará a carecer de muchas cosas. Esa persona será menos feliz y llevará una vida menos exitosa.

Así que la próxima vez que se sienta decaído debido a los desafíos que Dios le ha dado, recuerde que él le pone desafíos a los que ama. Cada reto es una oportunidad de estrechar su relación con Dios y de hacer algo especial de usted mismo y de su vida. Lo fácil no siempre es lo mejor; ¡a veces nuestras dificultades son nuestros mejores regalos!