Todos caen en algún momento

Porque sé que después de mi muerte se pervertirán y se apartarán del camino que les he mostrado. En días venideros les sobrevendrán calamidades, porque harán lo malo a los ojos del Señor y con sus detestables actos provocarán su ira. – Deuteronomio 31:29

La porción de la Torá de esta semana, Vayelej, es de Deuteronomio 31:1-30, y la Haftará es de Oseas 14:2-10.

Cuando la vida de Moisés llegaba a su fin, él dio su último discurso. Como parte de sus reflexiones finales, Moisés les dijo a los israelitas que era inevitable que se rebelarían contra Dios. Esto fue lo que les dijo: “Porque sé que después de mi muerte se pervertirán y se apartarán del camino que les he mostrado. En días venideros les sobrevendrán calamidades, porque harán lo malo a los ojos del Señor . . .

Ahora, si no fuera por el hecho de que Moisés fue el líder más grande que jamás haya vivido, yo habría pensado que sus palabras dejaban mucho que desear. ¿Cómo le iba a motivar al pueblo con decirles que estaban condenados al fracaso? ¿Cómo podía eso animarlos? Incluso se podría argumentar que al plantar esa idea en sus mentes, Moisés pudo haber predispuesto al pueblo al fracaso, cuando de otro modo habrían tenido éxito.

De hecho, esta parte de las Escrituras puede parecer bastante inquietante. A Israel se le dijo que, sin duda, iba a enfadar a Dios y ser castigada. Parece cruel que se les haya definido el rumbo hacia el fracaso. Parece injusto que se les haya dado una tarea condenada a fracasar. Sin embargo, creo que la siguiente perspectiva puede arrojar un poco de luz sobre lo que pretende ser un amoroso, afectuoso e importante mensaje en la víspera de la muerte de Moisés.

Piense en un bebé que está aprendiendo a caminar. El padre y la madre saben, con toda certeza, que el niño se va a caer. No una ni dos veces, sino muchas veces. El bebé caerá y fracasará una y otra vez, hasta que finalmente él o ella pueda dar unos pocos pasos. En última instancia, después de mucha práctica y esfuerzo, el bebé caminará por su propia cuenta.

Un padre o una madre nunca sugerirían que el niño no debe tratar de caminar, a pesar de que él o ella se vaya a ganar algunos moretones en el camino. Si el bebé pudiese entender, el padre y la madre le dirían: “No te preocupes. Vas a caer, vas a fracasar, pero en última instancia, vas a aprender a caminar.” Una vez que el niño aprende a caminar, él o ella será capaz de saltar, brincar, trepar e ir a todo tipo de lugares. Aprender a caminar implica algunos fracasos, pero bien vale la pena.

De la misma manera, Moisés le estaba diciendo a la joven nación de Israel que ellos, también, tenían que aprender a caminar. Moisés los había guiado y cargado hasta ahora, pero había llegado el momento de que caminaran por su cuenta. Moisés los empoderó, reconociendo las dificultades con las que se iban a tropezar, pero también les aseguró que todo era parte del proceso. Fallar era parte del éxito. Moisés alentó a Israel a no darse por vencida cuando cayera, y tampoco debemos desanimarnos nosotros cuando caemos.