Todo está en los detalles

“Éstas son las medidas del altar: Alrededor del altar había una fosa de medio metro de hondo por medio metro de ancho, con un reborde de veinticinco centímetros alrededor de toda la orilla. La altura del altar era la siguiente: Desde la fosa en el suelo hasta el zócalo inferior tenía un metro de alto y medio metro de ancho; y desde el zócalo inferior hasta el zócalo superior, medía dos metros de alto y medio metro de ancho.” — Ezequiel 43:13–14

La porción de la Torá de esta semana, Tetzavé, es de Éxodo 27:20—30:10 y de Ezequiel 43:10–27.

La lectura de la Haftará de esta semana se toma del libro de Ezequiel, donde el profeta describe el tercer Templo que, según la tradición judía, se construirá en la era mesiánica. Mientras que la porción de la Torá describe el primer Templo, Ezequiel describe el Templo del final de los tiempos.

Al leer ambos textos, el de Éxodo y el de Ezequiel, es notoria la gran cantidad de detalles que se deben tener en cuenta. Dios deja muy poco margen para la interpretación, ya que especifica las dimensiones exactas, los materiales y cómo colocar los enseres del Templo. De hecho, la tradición judía enseña que cuando Dios le mostró a Moisés el plan divino para la menorá del Templo, ¡Moisés tuvo que regresar a pedir aclaraciones varias veces con el fin de ejecutar cada detalle correctamente!

¿Por qué todos esos detalles? ¿Dios no podía habernos dado instrucciones más generales sin enredarnos con tantos matices y especificaciones?

Esto me recuerda que alguna vez leí de un intercambio entre un profesor y un estudiante. El estudiante le envió un correo electrónico a su profesor, con el fin de expresar algo que lo había estado inquietando. Quería entender por qué en la adoración judía hay tantas reglas y detalles. “¿Todos esos pequeños detalles realmente le importan a Dios?”, preguntó. Y luego agregó: “Yo ya le había enviado a usted este mismo correo electrónico anteriormente. ¿Será que lo he dejado sin palabras?”

La respuesta del profesor comenzó así: “Sí, me llegó su primer correo electrónico, y no, no me ha dejado usted sin palabras. Es que, cuando le contesté, en su dirección electrónica omití el “punto” de la extensión “punto com.” Es sólo un pequeño detalle, así que pensé que no importaría mucho.

El profesor le estaba diciendo a su alumno que sí, los detalles son importantes. Ya sean pequeños chips de computadora o ingredientes en una receta, los pequeños detalles a menudo determinan el resultado final de las cosas. Puede que algunos de los detalles que nos ha dado Dios, no sean comprensibles para nosotros, pero eso no disminuye su importancia. Así que al leer estos versículos en las Escrituras, debemos de apreciarlos y valorarlos tanto como los versículos que, por su contenido, nos mueven profundamente.

En nuestra sociedad de ritmo rápido, con enfoque en la productividad, la atención al detalle es algo que a menudo se pasa por alto. Por lo tanto, debemos disminuir el paso, al menos cuando se trate de servir a Dios. Pronunciemos las palabras de nuestras oraciones despacio y de manera reflexiva. Al ayudar a un extraño, hagamos un esfuerzo adicional y agreguemos ese toque especial. La más mínima añadidura de nuestra parte, puede tener el más grande impacto para Dios.