Todo está dentro de nosotros

No está arriba en el cielo, para que preguntes: “¿Quién subirá al cielo por nosotros, para que nos lo traiga, y así podamos escucharlo y obedecerlo?” Tampoco está más allá del océano, para que preguntes: “¿Quién cruzará por nosotros hasta el otro lado del océano, para que nos lo traiga, y así podamos escucharlo y obedecerlo?” ¡No! La palabra está muy cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón, para que la obedezcas. – Deuteronomio 30:12-14

La lectura de la Torá de esta semana, Nitzavim, es de Deuteronomio 29:9 – 30:20, y la Haftará es de Isaías 61:10 – 63:9.

La porción de la Torá que leemos esta semana, Nitzavim, siempre se lee en las proximidades de los Días Más Sagrados, comenzando en Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío. En esta porción, se lee uno de los versículos más hermosos e inspiradores de la Biblia. Dios nos dice que cumplir sus mandamientos y vivir una vida de santidad no están fuera de nuestro alcance: “No está arriba en el cielo . . . Tampoco está más allá del océano . . . ¡No! La palabra está muy cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón, para que la obedezcas.

¡Qué palabras tan apropiadas para iniciar el Año Nuevo Judío! Al comprometernos con nuevas resoluciones y preguntarnos si vamos a ser capaces de mantenerlas, la Biblia nos ofrece estas palabras de aliento.

Hay una historia que se cuenta de un pequeño árbol de manzanas en un bosque de robles. Cada noche, el pequeño árbol mira los majestuosos y grandes robles y ve las magníficas estrellas que brillan a través de sus ramas. Desde la perspectiva del manzano, pareciera como si las estrellas estuvieran en realidad colgando de las ramas de los robles. El manzano está maravillado y se vuelve a Dios y le pide que también haya estrellas en sus ramas. “Sé paciente,” le responde Dios.

Cada noche, el manzano se siente maravillado por las estrellas, y cada día que pasa sin tener estrellas propias, está seguro de que las estrellas están más allá de su alcance. “Por favor Dios,” suplica de noche. “Por favor, ¡dame estrellas a mí también!” Y la respuesta habitual de Dios es: “Ten paciencia, mi pequeño.”

Una noche, el pequeño manzano está particularmente angustiado. “¿Llegaré a tener esas estrellas? ¿Están realmente a mi alcance?” Justo cuando comienza a desesperarse y cree que las estrellas están simplemente más allá de sus posibilidades, Dios envía un fuerte viento. El viento se lleva una manzana que recién se había formado en las ramas del árbol, y esta cae justo debajo de él. Cuando la manzana cae, se abre por la mitad, y he aquí, hay una “estrella” en su interior. ¡Las estrellas habían estado colgando de las ramas del pequeño manzano todo el tiempo!

Los autores de este encantador cuento aprovecharon el hecho de que cuando cortamos una manzana en sentido horizontal, realmente se puede ver la imagen de una estrella. El cuento sirve como una gran analogía para lo que la Biblia nos ha estado diciendo desde hace milenios. Los cielos no están más allá de nosotros en algún lugar fuera de nuestro alcance. La santidad, la piedad y la espiritualidad ya están dentro de nosotros. Sólo tenemos que revelarlas.

Cuando usted se siente indigno, derrotado o abrumado, recuerde que en lo profundo de su ser, usted es santidad pura. Nada está más allá de nuestro alcance; sólo tenemos que descubrir la luz que ya brilla dentro de nosotros.