Todo es para bien

No temerás el terror de la noche,
    ni la flecha que vuela de día.
— Salmo 91:5

Uno de los más grandes eruditos que jamás ha vivido, fue un rabino del siglo primero llamado Akiva. Hay muchas historias sobre Akiva, pero una de ellas es más un homenaje a su maestro que  una historia sobre el gran erudito mismo. Uno de los mentores de Akiva fue un hombre llamado Nahum Ish Gamzu.

Nahum era su nombre de pila, pero las otras dos palabras eran parte de una frase que él decía y por la que era conocido: “Esto, también, es para bien”. No importaba lo que pasara en la vida de Nahum, todo lo veía como un don de Dios. Las situaciones que llevarían a la mayoría de las personas a la desesperación no tenían efecto sobre Nahum. Akiva aprendió de su ejemplo.

En una historia, Akiva viajaba al anochecer. Necesitaba un lugar para pasar la noche, por lo que entró en el pueblo más cercano y llamó a la puerta de la primera casa que vio, con la esperanza de encontrar un refugio y un lugar para descansar su cabeza. Sin embargo, los dueños de la casa le negaron la entrada. Lo mismo hicieron los propietarios de la próxima casa, y  de la siguiente, y de la siguiente. ¡Nadie lo recibía! Finalmente, Akiva desistió y más bien partió hacia el bosque. “Esto, también, es para bien”, dijo.

En el bosque, Akiva encendió su lámpara para poder estudiar. También tenía un burro para ayudarle a llevar sus cosas y un gallo para despertarlo en la mañana; pero enseguida, un león se comió a su burro, otro depredador devoró a su gallo y un fuerte viento apagó su vela. Sin embargo,  todo lo que Akiva dijo fue: “Esto, también, es para bien”.

Cuando Akiva despertó por la mañana, descubrió que el pueblo por el cual había pasado la noche anterior había sido saqueado por los romanos. Los habitantes fueron llevados cautivos. Akiva entendió la providencia de Dios. Si se hubiese quedado en el pueblo, él también estaría cautivo. Si no hubiese sido por Dios, los romanos habrían escuchado su asno o su gallo, o visto la luz de la vela, y lo habrían capturado en el bosque. Akiva pudo ver cómo todo realmente fue para bien.

En el Salmo 91, el salmista escribe: “No tendrás temor de los terrores nocturnos, ni de las flechas lanzadas de día”. No hay nada que temer cuando sabemos que todo lo que nos sucede es para nuestro propio bien. Podemos estar tranquilos, relajarnos y disfrutar del viaje, sabiendo que al final todo saldrá bien. ¡Cuánto desgaste del alma nos podríamos ahorrar!

Ponga en práctica la frase de Nahum y experimente lo que puede hacer por usted. La próxima vez que se encuentre en una situación aparentemente desfavorable, diga: “esto, también, es para bien”. Una pequeña frase puede cambiarle el día… ¡y su vida!