Tenerlo todo

“Acéptame el regalo que te he traído. Dios ha sido muy bueno conmigo, y tengo más de lo que necesito.” — Génesis: 33:11

La porción de la Torá de esta semana, Vaishlaj, es de Génesis 32:3-36:43 y de Abadías 1:1-21.

Jacob le envió regalos muy generosos a su hermano Esaú, con la esperanza de ganar su amistad, a pesar de que los dos habían sido enemigos durante años. Afortunadamente, Esaú reaccionó positivamente al gesto. No sólo extendió su mano en señal de amistad, sino que incluso se negó a tomar cualquiera de las posesiones de Jacob.

Esaú: “¡Quédate con lo que es tuyo, hermano mío, que yo ya tengo bastante!” (Génesis 33:9, TLA)

Jacob insistió: “Ten la bondad de aceptarme este regalo. Te lo traigo porque Dios me ha dado mucho, y tengo todo lo que necesito.” (Génesis 33:11, TLA)

A primera vista, parece que los dos hermanos estaban diciendo lo mismo: “Quédate tú con los regalos, ¡yo no los necesito!” Aunque ambos hombres actuaron de forma admirable, hay algo profundamente diferente en lo que dijo cada uno. Esaú dijo: “tengo bastante”, pero Jacob dijo: “tengo todo”.

¿Cuál es la diferencia? Tener bastante implica que aunque estoy bien con lo que tengo en la vida, siempre hay espacio para más; preferiría más. Pero tener todo, significa que tengo exactamente lo que necesito. No necesito menos y no necesito más. Dios me ha dado exactamente lo que necesito para tener éxito en el lugar en que estoy en mi vida, en este momento. Mi taza ya está llena y me siento verdaderamente bendecido.

Los eruditos enseñan: “¿Quién es un hombre rico? El que está satisfecho con su destino”. Lo que tenemos no determina lo ricos que somos; cómo percibimos lo que tenemos es lo que determina nuestra riqueza.

Hoy en día vivimos en una sociedad donde la persona promedio disfruta de un nivel de vida que excede el nivel que disfrutaron las personas más ricas de hace apenas un siglo. ¿Pero, se siente la persona promedio sumamente bendecida? Desafortunadamente no. Constantemente se nos recuerda, por vallas publicitarias y comerciales, lo mucho que aún no tenemos. Aunque es posible que reconozcamos que tenemos bastante, pocas personas sienten que lo tienen todo.

La súper tormenta Sandy fue un huracán devastador que no sólo cambió la costa de Nueva York; también sacó a relucir un lado de Nueva York que no encaja con el estereotipo. De repente, la ambiciosa ciudad movida por el dinero, la que nunca duerme… se desaceleró: amigos, familiares, compañeros de trabajo y extraños, unidos compartían comida y refugio. En medio de las tristes historias de pérdidas, surgían historias edificantes del espíritu humano. ¡Eso significa todo!

No tiene que suceder un huracán o un evento catastrófico para que recordemos lo que tenemos. Mire a su alrededor y observe sus muchas bendiciones. Tenemos libertad. Tenemos abundancia. Nos tenemos el uno al otro.

¡Lo tenemos todo!