Tender puentes entre el cielo y la tierra

Nota a nuestros lectores: La celebración judía de la Pascua se lleva a cabo durante ocho días. Dado que no se puede trabajar durante los días más santos de la Pascua, estos devocionales fueron preparados para usted de antemano.

Al octavo día Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel. — Levítico 9:1
La porción de la Torá de esta semana, Shemini, es de Levítico 9:1 – 11:47 y la Haftará es de 2 Samuel 6:1-19.

¿Se equivocaron los rabinos?

A primera vista, parece que el comienzo de la porción de la Torá de esta semana debería haber sido incluida en la porción anterior, Tzav. En esa porción, leemos de los primeros siete días de la inauguración del Tabernáculo. Pero justo cuando estamos a punto de llegar al octavo día, la lectura se detiene abruptamente y la porción de esta semana comienza con el octavo día. De ahí proviene el origen del nombre de la porción, Shemini, que significa “octavo”.

Los eruditos se preguntan por qué el octavo día no fue conectado con los primeros siete, y llegan a la conclusión de que hay algo único en el octavo día de la inauguración. Los rabinos querían subrayar la diferencia cualitativa entre los siete días y el octavo, así que separaron completamente las lecturas.

Durante siete días, los representantes de Israel sirvieron en el Tabernáculo, pero en el octavo día, los sacerdotes comenzaron su servicio. Esa es la diferencia práctica entre los días, pero también hay una diferenciación espiritual.

Según la tradición judía, el número siete representa el mundo físico. Cuando Dios creó el mundo, se requirieron siete días. Hay siete días en una semana y siete años en el ciclo sabático. Hay siete notas en la escala musical y siete colores en el espectro. Siete es el fundamento de la tierra.

Ocho significa el mundo espiritual. Ocho está más allá del siete, más allá del mundo físico. Ocho representa la eternidad. De hecho, si se gira el número ocho hacia un lado, ¡se obtiene el signo de infinito!

Normalmente, siete y ocho no se mezclan. Esto se simboliza con la separación entre la lectura de la semana pasada y la porción de la Torá de esta semana. El cielo y la tierra están separados. Pero la lectura de esta semana también nos dice que aunque el cielo y la tierra son mundos totalmente diferentes, hay una manera de tender un puente entre ellos. Hay una manera de traer el cielo a la tierra.

El final de la porción de esta semana se ocupa de las leyes kosher. Esa parte es simbólica de todas las leyes de Dios y el servicio que le ofrecemos. Cuando Dios nos da un mandamiento a cumplir en este mundo físico, se nos da la oportunidad de transformar algo físico en algo espiritual. Comer ya no es puramente físico cuando se tienen en cuenta las leyes y el espíritu de Dios. Cada acto físico puede tender un puente entre el cielo y la tierra cuando se eleva para cumplir los propósitos de Dios.

Así es como podemos unir siete y ocho, lo físico y lo espiritual: Tomemos nuestras actividades diarias y dediquémoslas a Dios. ¿Comer? Digamos una bendición sobre la comida. ¿Hacer ejercicio? Consagremos nuestros cuerpos saludables para el servicio de Dios. ¿Empleo? Comprometámonos a diezmar de nuestras ganancias. Cuando hacemos espiritual lo físico, tendremos éxito en tender puentes entre el siete y el ocho, entre el cielo y la tierra.