Superar la mentalidad de langosta

¡Hasta vimos anaquitas! Comparados con ellos, parecíamos langostas, y así nos veían ellos a nosotros. —Números 13:33

La porción de la Torá de esta semana, Shelaj, es de Números 13:1 – 15:41 y la Haftará es de Josué 2:1 – 24.

Henry Ford, pionero en la fabricación de autos, dijo una vez: “Si piensas que puedes, o si piensas que no puedes, estás en lo cierto.” Lo que realmente creemos acerca de nosotros mismos, a menudo se convierte en nuestra realidad.

Cuando los espías que Moisés había enviado a explorar la tierra de Canaán regresaron al desierto, describieron lo que habían visto: una gran producción agrícola y una tierra de la que brotaba leche y miel. Pero la gente era ––y esta fue la palabra clave–– invencible. Al describir a los habitantes de aquella tierra, los espías dijeron que habían visto anaquitas, que según los eruditos, eran gigantes de verdad. Los espías explicaron que a los ojos de aquellos gigantes, ellos parecían pequeñas langostas.

¡Pero espere un momento! ¿Cómo sabían los espías lo que los gigantes pensaban de ellos? Ya que eran espías en aquella  tierra, no deberían haber hablado con nadie en el camino. ¿Cómo podían estar tan seguros de que los habitantes de Canaán los veían como langostas, como insectos vulnerables e insignificantes?

La verdad es que no lo sabían. Sin embargo, tal como dice el versículo, los espías se veían a sí mismos como langostas: “parecíamos langostas”. Una vez que los espías se vieron a sí mismos de esa manera, creyeron que los anaquitas también los veían así.

Los espías y los israelitas no se percataban de que los anaquitas no los veían como langostas. De hecho, ¡estaban aterrorizados de los hijos de Israel! Recuerde que los israelitas acababan de casi aniquilar al pueblo egipcio, la superpotencia del mundo antiguo. Las maravillas que Dios había hecho por los israelitas se rumoreaban por todas partes. Si los israelitas hubiesen entrado a Canaán, ¡los habitantes habrían huido y abandonado aquella tierra sin luchar!

Pero trágicamente, así no fue como se desarrolló la historia. Debido a que los espías se veían a sí mismos como langostas, como menos de lo que realmente eran, perdieron la oportunidad de entrar en la Tierra Prometida. Su valoración se convirtió en una profecía auto cumplida. Pasarían cuatro décadas más y sería una generación completamente nueva la que entraría en la tierra prometida por Dios.

Si los espías perdieron la oportunidad de su vida, debido a una percepción errónea de quiénes eran, ¿qué oportunidades estamos dejando pasar nosotros? Como dijo Henry Ford, la forma en que nos vemos a nosotros mismos determina, en última instancia, nuestras capacidades. ¿Usted se da cuenta de que es un ser sobrenatural creado a imagen de Dios? ¿Se da cuenta de que es capaz de cosas increíbles? O, ¿está atrapado en la mentalidad de la langosta? ¿Se ve a sí mismo pequeño, irrelevante e intrascendente?

Sólo cuando vemos nuestra propia grandeza, somos capaces de lograr grandes cosas para Dios.