Somos creyentes

Cuando se agarraron de tu mano, te quebraste, y les desgarraste las manos; cuando en ti se apoyaron te rompiste, y sus espaldas se estremecieron. — Ezequiel 29:7

La porción de la Torá de esta semana, Vaierá, es de Éxodo 6:2—9:35 y de Ezequiel 28:25—29:12.

Mientras que la porción de la Torá de esta semana describe la caída de Egipto durante la época de Moisés, la Haftará se ha tomado del libro de Ezequiel y describe la caída de Egipto en la época de aquel profeta. Es también un poderoso mensaje para nosotros hoy.

Vamos a poner esta historia en su contexto. Durante el tiempo de la profecía de Ezequiel, Israel estaba a punto de ser capturada por los babilonios. Israel ya se había convertido en un estado vasallo del emergente imperio babilónico y había sido obligada a pagar impuestos a Nabucodonosor, el rey de Babilonia. Egipto estaba en una posición similar; había perdido muchos territorios a favor de los babilonios y aquel enemigo no mostraba signos de amainar.

Egipto e Israel compartían un enemigo común y esto los llevó a formar una alianza. Sin embargo, cuando los babilonios vinieron a atacar a Israel, Egipto apartó la mirada. Egipto abandonó a Israel en su momento de necesidad. El profeta Ezequiel lo describe de esta manera: “Cuando [los israelitas] se agarraron de tu mano, te quebraste, y les desgarraste las manos; cuando en ti se apoyaron te rompiste, y sus espaldas se estremecieron” (29:7).

Ezequiel reprendió al pueblo judío por depositar su confianza exclusivamente en los egipcios y no en Dios. Al mismo tiempo, arremetió contra los egipcios por abandonar a Israel y profetizó la caída de Egipto. Esto fue tanto un castigo para Egipto como un recordatorio para Israel: “El pueblo de Israel no confiará más en Egipto. Al contrario, será Egipto quien les sirva para recordar el pecado que cometieron los israelitas al seguirlo” (Ezequiel 29:16). El estado debilitado de Egipto sirvió como recordatorio permanente a los judíos de que había sido una tontería confiar en el hombre; sólo Dios Todopoderoso era merecedor de su confianza, y de la nuestra también.

Hoy, Israel sigue vacilando entre confiar en alianzas con otros países y tener fe en Dios. Sin embargo, un video producido durante la operación Pilar de Defensa, muestra que definitivamente estamos aprendiendo. En ella, los soldados de las Fuerzas de Defensa Israelí bailan y cantan mientras esperan en la entrada a Gaza. La letra de la canción que cantan es la siguiente: “Somos creyentes e hijos de creyentes; no hay nadie en quien confiar, a excepción de nuestro Padre, ¡nuestro Padre en el cielo!”

Amigos, aprendamos lo que algunos de los grandes soldados de Israel ya saben. Cuando se trata de las incertidumbres de la vida, sólo hay una fuente de fortaleza y de seguridad: el Señor nuestro Dios. Confiemos en él y regocijémonos en nuestra fe, porque él hará milagros por nosotros, tal como lo hizo en Egipto hace mucho tiempo.