¡Sí se puede!

Quiero que envíes a algunos de tus hombres a explorar la tierra que estoy por entregar a los israelitas. De cada tribu enviarás a un líder que la represente — Números 13:2

La porción de la Torá de esta semana, Shelaj, es de Números 13:1 – 15:41 y la Haftará es de Josué 2:1 – 24.

Durante la primera campaña del presidente Barack Obama, él usó un lema que tuvo la aceptación de muchas personas: “¡Sí se puede!” La consigna tuvo eco, ya que todos hemos experimentado el “no, no se puede” más de una vez en la vida.

A veces, son nuestras circunstancias las que nos dicen: “No, no puedes darte ese lujo.” A veces, son otros los que nos dicen: “No, no puedes; nunca va a funcionar”. No obstante, los “no, no puedes” más difíciles son los que nos decimos a nosotros mismos. Es trágico cuando nos detenemos porque una voz interior nos dice que no podemos tener éxito, cuando en realidad, en el fondo de nuestro corazón, sabemos que sí podemos.

La porción de la Torá de esta semana se llama Shelaj, que significa “envía”, como en: “Envía unos hombres que reconozcan la tierra . . .” (Números 13:2). La porción de esta semana comienza con el pecado de los espías que fueron a explorar la tierra prometida y regresaron con un informe equivocado. La segunda mitad de la lectura se trata de una serie de mandamientos.

Los eruditos preguntan: ¿Por qué la porción de la Torá toma su nombre del pecado de los espías, un evento que ocurrió en el pasado y es historia, en lugar de llevar un nombre que se relacione con los mandamientos en el resto de la lectura, que son eternamente relevantes?

Los eruditos responden que los acontecimientos del pasado, como el pecado de los espías, son el prisma a través del cual debemos ver los mandamientos de Dios y su voluntad para con nosotros hoy.

El pecado de los espías no fue regresar a los hijos de Israel con un reporte de lo difícil que sería capturar la tierra de Canaán. Es cierto lo que dijeron: “El pueblo que allí habita es poderoso, y sus ciudades son enormes y están fortificadas . . .” (v. 28). Para eso fueron enviados allí, ¡para explorar la tierra y volver con un informe sobre lo que habían visto! El pecado de los espías no fue la presentación de un informe sobre los desafíos de capturar la tierra; ¡fue decir que no se podía! “No podremos combatir contra esa gente. ¡Son más fuertes que nosotros!” (v. 31). No les tocaba tomar esa decisión; era la decisión de Dios.

El pecado de los espías es historia, pero el mensaje es eterno. Servir a Dios exige muchas cosas de nosotros: nuestro tiempo, nuestros talentos y tesoros, nuestros cuerpos, nuestras almas. Es posible que a veces pensemos que no podemos, pero el pecado de los espías nos enseña que no somos nosotros los que tomamos esa decisión. Recuerde, con la ayuda de Dios, ¡todo es posible!

Cuando Dios nos llama a su servicio, sólo hay una manera de responder: “Sí se puede.”