Sea hombre

Miró entonces a uno y otro lado y, al no ver a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. — Éxodo 2:12

La porción de la Torá de esta semana, Shemot, es de Éxodo 1:1—6:1 y de Isaías 27:6—28:13; 29:22–23.

La vida de Moisés está llena de momentos destacados: cuando Dios se le apareció en la zarza ardiente; cuando abrió el Mar Rojo; cuando bajó con los Diez Mandamientos. Sin embargo, quizás el momento más decisivo de la vida de Moisés se dio durante un episodio de su vida menos conocido, cuando un día iba caminando y vio a un egipcio dándole una paliza a un israelita. Lo que pasó después definiría su vida.

Hasta ese momento, Moisés estaba en camino de convertirse en el próximo gobernante de Egipto. Sí, él había nacido como israelita, pero una vez que fue adoptado por la hija del Faraón, se convirtió en el heredero del trono. Providencialmente, la hija de Faraón contrató a una niñera para su nuevo bebé, y no cualquier niñera: ¡contrató a la propia madre de Moisés! Moisés creció con los valores de su madre y con amor por los hijos de Israel, una actitud muy poco egipcia.

Moisés tenía un conflicto, aunque no lo supiera. Por un lado, era un egipcio orgulloso; por otra parte, se sentía conectado con los israelitas. Estos sentimientos quedaban ocultados hasta el día en que Moisés ya no pudo ignorarlos. Cuando vio a un egipcio golpeando injustamente a un israelita, aquellas emociones conflictivas afloraron. ¿Cómo respondería?

Como egipcio que era él, podría apartar la mirada y apoyar el derecho de su conciudadano de golpear a un esclavo. Pero el israelita en él clamaba por justicia. Moisés no sabía qué hacer. El versículo dice que Moisés “miró entonces a uno y otro lado” y no vio a nadie.

Los eruditos explican el versículo así: Moisés miró hacia acá, hacia su parte egipcia, y hacia allá, hacia su personalidad israelita. Moisés no vio a nadie; ¡no vio una identidad! ¡No era ni una cosa ni la otra! No encajaba con la descripción de un egipcio ni con la de un israelita.

En ese momento, tomó una decisión. Moisés escogió su lado israelita y “mató al egipcio” dentro de sí. El resto es historia.

En el judaísmo hay una expresión que dice: “En donde no hay hombre, sea hombre.” Esto significa que cuando nadie defienda lo que es correcto, tenemos que asumir ese papel. Pero también significa que cuando no hemos tomado una posición sobre algo importante, tenemos que dar un paso adelante y “ser hombres.” A veces tenemos que elegir una identidad y tomar partido.

Amigos, ahora es uno de esos momentos. ¿Está a favor o en contra de Israel? Si está a favor, asuma su posición y difúndala. El Dios de Moisés lo recompensará y lo bendecirá grandemente.