Se trata del tiempo

“Este mes será para ustedes el más importante, pues será el primer mes del año”. (Éxodo 12:2, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Bo, es de Éxodo 10:1 – 13:16 y de Jeremías 46:13-28.

Los primeros versículos del capítulo 12 muestran el primer mandamiento dado oficialmente a la nación de Israel, el mandamiento de santificar la Luna Nueva y proclamar el nuevo mes. Mientras que el resto del mundo sigue el calendario gregoriano, que se basa en los movimientos del sol, el judaísmo sigue el ciclo lunar. El inicio de cada mes depende de la luna nueva.

Así funcionaba en la antigüedad: Una vez que el pueblo se asentó en la tierra de Israel, se creó un tribunal llamado el Sanedrín. Dos testigos que hubiesen visto la aparición de la luna nueva irían a la corte en Jerusalén y darían testimonio de lo que vieron. Si el tribunal se mostraba satisfecho con su testimonio, se proclamaría el nuevo mes. Las hogueras se encenderían en las cimas de las montañas, por lo que el país entero sabría que un nuevo mes había comenzado.

Curiosamente, si por alguna razón el tribunal no aceptaba un testimonio veraz o aceptaba uno falso, eso no cambiaba el estado del mes. El nuevo mes comenzaba cuando el tribunal decía que comenzara, sin importar nada más. Eso significaba que, aunque el tribunal estuviera técnicamente incorrecto, legalmente estaba en lo correcto. Incluso si técnicamente todas las festividades religiosas del mes se celebraban el día “equivocado”, Dios aceptaba la adoración en aquellas celebraciones, como si se hicieran en el día correcto.

Los eruditos enseñan que esto ilustra una idea profunda que Dios quiere que sepamos: no estamos sujetos al tiempo; el tiempo está sujeto a nosotros. ¡Dios nos dio el poder de gobernar sobre el tiempo!

Muchas personas llevan vidas controlados por el reloj; el tiempo es su amo. Pero la Biblia nos dice que tenemos un solo Maestro: Dios Todopoderoso. Nosotros somos los dueños de nuestro tiempo.

Nadie sugiere que podemos ignorar las limitaciones de tiempo. El tiempo es una realidad con la que vivimos en este mundo físico. Pero, ¿cómo abordamos nuestro tiempo? ¿Lo utilizamos como el don que es o dejamos que él nos use y abuse de nosotros? ¿Dejamos que nos domine, nos deprima y nos estruje? O, ¿lo utilizamos para alcanzar nuestros objetivos, servir a nuestro Creador y contribuir a su mundo?

Dios quiere que el tiempo nos sirva y no al revés. Podemos hacer esto aprovechando el tiempo que se nos da, procurando que cada momento cuente. Cuando elaboramos nuestros horarios, debemos planificarlos primero según la voluntad de Dios y luego según el tictac del reloj. De esta manera, el tiempo nos servirá a nosotros y nosotros serviremos al SEÑOR.