Recordar lo amargo y lo dulce

“Deberán comer la carne esa misma noche, asada al fuego y acompañada de hierbas amargas y pan sin levadura.” (Éxodo 12:8, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Bo, es de Éxodo 10:1 – 13:16 y de Jeremías 46:13-28.

Mientras se hacían los preparativos finales para el éxodo, Dios repasó las instrucciones con Moisés y Aarón. En el décimo día del mes, la gente debía seleccionar una oveja de un año de edad, que  mantendrían durante cuatro días y luego matarían. Tenían que tomar la sangre de la oveja y colocarla en el dintel de la puerta, y luego asarla y comer su carne. Específicamente, se les mandó a comer la carne junto con hierbas amargas y pan sin levadura, también conocido como matzá.

Los eruditos preguntan: ¿Por qué se les ordenó a los hijos de Israel incluir hierbas amargas junto con el cordero festivo y la matzá? El cordero y la matzá eran ambos símbolos de la redención. La sangre del cordero salvaría a los israelitas de la plaga de la muerte de los primogénitos y la matzá sería el pan del éxodo, porque no había tiempo para que la masa creciera.

Incluso hoy en día, la matzá es el símbolo de la celebración de la Pascua. Entonces, ¿por qué ensombrecer las festividades con hierbas amargas? Su amargura simboliza la amargura de la esclavitud. Pero, ¿por qué se incluyeron si la esclavitud justo había llegado a su fin? ¿No querrían las personas  dejar atrás aquella horrible experiencia?

Recordar es un aspecto importante del judaísmo. Hay un chiste muy conocido en el que se pregunta: “¿Cuál es el resumen de cada día de fiesta judío? Intentaron matarnos, nosotros ganamos, vamos a comer”. El chiste continúa así: “¿Cuál es el resumen de cada día de ayuno judío? Intentaron matarnos, nos ganaron, vamos a ayunar”. Ciertamente, el judaísmo está repleto tanto de días festivos como de días de ayuno, que conmemoran acontecimientos del pasado. De hecho, cuando se trata del Éxodo, ¡lo recordamos siempre en nuestros servicios diarios de oración!

El énfasis sobre la conmemoración no es porque estamos atrapados en el pasado y somos incapaces de seguir adelante; es porque no podemos avanzar sin recordar de dónde hemos venido. Conmemoramos los tiempos alegres porque nos recuerdan que debemos estar agradecidos por todo lo que tenemos. Conmemoramos los momentos amargos porque nos recuerdan que todo puede desaparecer en un instante si no tenemos cuidado de proteger lo que tenemos. Como dice el refrán: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Recordar no es opcional, ¡es una necesidad!

Es una buena idea para todos nosotros dedicar algún tiempo para recordar. Saque algunas fotografías antiguas, lea una vieja agenda o recuerde con unos amigos las experiencias compartidas en el pasado. Mientras repasa lo amargo y lo dulce, los tiempos difíciles y los momentos alegres, encontrará la experiencia tanto inspiradora como formativa. A veces el mejor consejo para saber cómo debemos vivir en el presente proviene de las voces en nuestro pasado.