Recordar la bondad de Dios

¿Qué injusticia vieron en mí sus antepasados, que se alejaron tanto de mí? Se fueron tras lo que nada vale, y en nada se convirtieron. — (Jeremías 2:5)

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Matot-Massei, de Números 30:2 – 36:13, y la Haftará es de Jeremías 2:4-28; 4:1-2.

Un hombre conducía por la calle buscando desesperadamente un lugar donde estacionarse, pues tenía una reunión importante y se le estaba haciendo tarde. No divisaba ningún aparcamiento. En su desesperación, el hombre se volvió al cielo y dijo: “¡Dios mío, si me encuentras un lugar donde aparcar, prometo ir a la iglesia todos los domingos y renunciar a decir malas palabras por el resto de mi vida!” De repente, quedó desocupado un espacio frente a él. El hombre miró hacia arriba y dijo: “No te preocupes Dios, ¡ya encontré uno!”

Esta historia pone de manifiesto dos cosas. Primero, demuestra nuestra tendencia a volvernos a Dios sólo en momentos de crisis y cuando tenemos problemas. En segundo lugar, enfatiza que aunque en momentos de necesidad hacemos todo tipo de cambios y nos comprometemos con Dios, a menudo olvidamos nuestras promesas cuando ya no “necesitamos” su ayuda.

La lectura de la Haftará de esta semana, que viene del libro de Jeremías, hace eco de este mensaje cuando repetidamente el profeta les advierte a los hijos de Israel, que estaban a punto de ser exiliados porque se habían rebelado contra Dios. Dios había hecho cosas increíbles por los israelitas, pero ellos se olvidaron de su bondad y siguieron por el mal camino.

La Haftará comienza con una penetrante pregunta de parte de Dios: “¿Qué injusticia vieron en mí sus antepasados, que se alejaron tanto de mí?” Dios le recordó al pueblo todo el bien que él les había hecho cuando fielmente guio a los hijos de Israel a través del desierto, que es lo que nuestras lecturas de la Torá relatan. Dios los condujo “por tierra árida y accidentada, por tierra reseca y tenebrosa, por tierra (…) en la que nadie vive.” (2:6) Dios trajo a los israelitas a la tierra de Israel, “a una tierra fértil, para que comieran de sus frutos y de su abundancia.” (2:7)

Sin embargo, a pesar de toda la bondad y cercanía a Dios que los israelitas disfrutaron, se apartaron de él una vez que se sintieron cómodos en sus casas. Por aquel pecado grave, Israel sería castigado.

Amigos, tenemos que aprender de los errores de Israel en la Biblia para no sufrir las mismas consecuencias. Podemos optar por recordar a Dios tanto en los momentos buenos como en los difíciles. Podemos decidir cumplir con los compromisos que asumimos cuando la vida se pone difícil, o mejor aún, podemos dedicarnos a ser mejores personas antes de entrar en crisis.

Nuestro Dios es bueno y fiel; él ha sido muy bondadoso con nosotros en el pasado. El mejor tipo de gratitud es hacer que él sea el centro de nuestra vida en el presente.