Recipientes sagrados

“Haz un arca de madera de acacia, de un metro con diez centímetros de largo, setenta centímetros de ancho y setenta centímetros de alto. Recúbrela de oro puro por dentro y por fuera, y ponle en su derredor una moldura de oro.” — Éxodo 25:10–11

La porción de la Torá de esta semana, Terumá, es de Éxodo 25:1—27:19 y de 1 Reyes 5:12—6:13.

La Escritura no escatima detalles cuando se trata de describir cómo debía ser construido el Tabernáculo o fabricados los recipientes sagrados. De hecho, los detalles son tan precisos que incluso hoy día, estos objetos se pueden ver en el Instituto del Templo en Jerusalén, donde un grupo de estudiosos reproduce meticulosamente muchos de los artículos descritos en la porción de la Torá de esta semana. Sin embargo, los eruditos enseñan que los detalles y las descripciones revelan más que tan sólo la apariencia que debía tener cada elemento. También hay mensajes codificados para nuestras vidas en estos planos divinos.

El Arca Sagrada, que contenía los Diez Mandamientos, es un ejemplo de estos mensajes. La Escritura especifica que debe estar hecha de madera, pero recubierta con oro, tanto en el interior como en el exterior. Los eruditos preguntan: ¿Por qué debe haber oro en el interior también? ¡Esa parte ni se podía ver!

Según los sabios, las instrucciones acerca de las incrustaciones de oro nos enseñan que “el exterior de una persona debe coincidir con su interior”. En otras palabras, ¡no ser un hipócrita! A pesar de que nadie puede ver lo que realmente sentimos o cómo nos comportamos a puerta cerrada, la forma en que somos bajo la superficie debe reflejar cómo somos a la vista de todos. Podemos engañar al mundo, pero no podemos engañar a Dios. Como dice la Escritura: “Yo soy el Señor . . . El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero yo miro el corazón” (1 Samuel 16:7, RVC). Sólo una persona que es de oro hasta la médula es adecuada para ser recipiente de Dios.

Sin embargo, esto nos lleva a otra pregunta: ¿Por qué no hacer toda el arca de oro? ¿Qué sentido tiene la madera? El uso de la madera nos enseña una nueva e importante revelación sobre lo que significa convertirnos en recipientes adecuados para ser usados por Dios. La madera proviene de un árbol, una creación viviente que cambia y crece. Esto nos enseña que nosotros también tenemos que estar cambiando y creciendo siempre. Nadie puede llegar a ser completamente de oro de la noche a la mañana. Pero si perseveramos y buscamos con constancia, finalmente llegaremos a ser las mejores personas que podemos ser.

El oro y la madera prescrita para el Arca Sagrada ilustran la receta que necesitamos para nuestras vidas: hay que crecer un poco cada día, tratando de perfeccionarnos, con sinceridad, por dentro y por fuera. De esa manera podemos llegar a ser recipientes sagrados de la Palabra de Dios y desempeñar un papel destacado en su adoración y servicio.