Quítate los zapatos

“No te acerques más,” le dijo Dios. “Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa.” — Éxodo 3:5

La porción de la Torá de esta semana, Shemot, es de Éxodo 1:1—6:1 y de Isaías 27:6—28:13; 29:22–23.

Una adivinanza: Después de la instrucción de que se detuviera, ¿cuál es la primera acción que Dios le ordena a Moisés hacer cuando le habla por primera vez?

La respuesta: “Quítate las sandalias.

Algunos de nosotros sabemos la historia de memoria, pero si nunca hubiéramos leído la Biblia, ¡esa no sería la respuesta que estaríamos esperando! Recuerde, este era el primer encuentro entre Dios y el gran profeta. “Quítate los zapatos” parece una instrucción bastante mundana dada la santidad del momento.

Como habrá adivinado, hay más de lo que parece en esta orden, y existe una explicación que ha resonado en mí profundamente.

Pensándolo bien, los zapatos nos proporcionan protección y una sensación de seguridad. ¡Nada puede dar más energía a nuestro paso que estrenar un par de zapatos! Los zapatos nos proveen amortiguamiento entre el suelo duro y nuestros vulnerables pies. Nos hacen invencibles a los elementos como la nieve, la lluvia, las rocas o las espinas. Con un par de zapatos, se puede caminar en cualquier lugar sin sentir ningún tipo de molestias.

Sin embargo, en aquel trascendental día, Dios quería que Moisés se sintiera incómodo. Dios quería que Moisés sintiera cada roca, guijarro y grano de arena. ¿Sabía usted que nuestros pies tienen terminaciones nerviosas de todo nuestro cuerpo? Nuestros pies son una parte muy sensible de nuestro cuerpo. En aquel momento, Dios quería que Moisés fuera sensible: súper sensible.

¿Por qué? “Porque estás pisando tierra santa.” Moisés estaba a punto de convertirse en el líder de los hijos de Israel. Eso era un trabajo sagrado y, de hecho, él estaba parado sobre “tierra santa.” Dios quería enseñarle a Moisés desde el principio que para llevar a cabo su obra santa debía mantenerse extremadamente sensible.

Los líderes pueden caer fácilmente en la trampa de perder contacto con la gente. La mayoría de los líderes de las naciones disfrutan de lujos que el público en general no tiene. Es fácil llegar a ser insensible a las necesidades del hombre común o indiferente a la difícil situación de un hombre pobre. Dios, en cambio, dice: “¡Ni se te ocurra! Mi pueblo se conforma de mis preciosos hijos.” A Moisés se le ordenó permanecer hasta el día en que muriera, tan sensible como lo estaba en aquel momento.

La insensibilidad es una trampa en la que todos podemos caer. Es difícil empatizar con el hambre si el estómago está siempre lleno, o sentir compasión por las personas sin hogar cuando estamos disfrutando de la comodidad y la calidez de nuestros propios hogares. Pero amigos, los que estamos al servicio del Señor estamos en “tierra santa.” Debemos mantener una sensibilidad extrema hacia las necesidades de sus hijos y hacer nuestro mejor esfuerzo para satisfacerlas, cuando sea y como sea que podamos.