Qué mundo más maravilloso

“¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras!
    ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría!
    ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!”. (Salmo 104:24, NVI)

Para los niños, el mundo es un lugar mágico. Todo es nuevo y emocionante. Ellos se maravillan del sol, la luna y las estrellas en el cielo. Los niños se deleitan de ver algo tan simple como una mariquita caminando sobre una hoja o una mariposa revoloteando de una flor a otra; ellos ven el mundo con ojos nuevos, y a través de sus ojos, ¡todo es asombroso!

Después de que hemos estado en el planeta por una o dos décadas, gran parte de esa magia ya se ha perdido. Damos por sentado que vivimos en un mundo hermoso que es a la vez misterioso y maravilloso. Apenas nos damos cuenta del magnífico cielo que nos cubre o de la exuberante hierba sobre la superficie de la tierra. Al caminar por nuestro planeta, ni siquiera somos conscientes del hecho de que estamos en una esfera que gira en el espacio exterior y aun así, ¡todo lo que nos rodea permanece completamente inmóvil!

Es tan fácil pasar toda la vida en este planeta y perder de vista la belleza de la creación de Dios. En la tradición judía, cada mes apartamos un tiempo especial para dar un paso atrás, mirar todo lo que nos rodea y decir: “¡Vaya! ¡Este lugar es increíble, Dios!” Todos los meses, cuando la luna es nueva y parece tan solo una esquirla en el cielo, la celebramos a ella y a toda la naturaleza. Una de las cosas que hacemos es leer el Salmo 104.

En el Salmo 104, el rey David reflexiona sobre las maravillas de nuestro mundo. David habla de cómo las aguas cubrieron una vez el mundo entero, pero entonces Dios separó las aguas y las colocó en los océanos y los ríos para que la gente tuviera la tierra para vivir (vv. 6-9). David se deleita en el hecho de que Dios creó un mundo completo con deliciosa fruta y una vegetación que podía sostener tanto al hombre como al animal. Pero no sólo eso, Dios también creó cosas como el aceite y el vino, que no son necesarias, pero que son regalos que traen alegría y alivio a las personas (v. 15). David se maravilla de los ciclos del día y de la noche, que establecen el ritmo de trabajo en el mundo. Las bestias más peligrosas cazan en la noche cuando la gente está en el hogar, y vuelven a su hábitat en el día, cuando las personas están afuera (vv. 20-23).

La perfecta armonía en el mundo natural hizo que David exclamara: “¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras! ¡Todas ellas las hiciste con sabiduría! ¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!”. De hecho, Dios creó un mundo increíble y diverso para que vivamos en él, y esta creación revela una inteligencia más allá de nuestra comprensión.

Hoy, contemplemos el mundo de Dios y apreciémoslo con nuevos ojos. Cada cosa maravillosa que usted descubra es una manifestación de su amor por nosotros y un testimonio de su gloria.