Promesas y profecías

Entonces el rey hizo este juramento: “Juro por el Señor, que me ha librado de toda angustia, que yo te prometí delante del Señor, el Dios de Israel, que tu hijo Salomón reinaría después de mí, y que él se sentaría en mi trono. Hoy cumplo mi promesa.” — 1 Reyes 1:29–30

La porción de la Torá de esta semana, Jaiei Sara, es de Génesis 23:1 — 25:18 y de 1 Reyes 1:1 – 31.

Tanto la porción de la Torá de esta semana, como la selección de la Haftará, se tratan de momentos de transición importantes. En la Torá leemos de la muerte de Sara, de la búsqueda de una esposa para Isaac y luego del matrimonio de Isaac y Rebeca, que continúan la misión que habían iniciado sus padres.

En la Haftará, leemos de la vejez del rey David y la búsqueda de un sucesor para su trono. Uno de sus hijos, Adonías, se nombró rey a sí mismo, a pesar de que el profeta Natán ya había determinado que Salomón reinaría. Natán intervino y David prometió que Salomón sería rey.

Es obvio que el tema general de la transición lo comparten ambas historias. Cuando nos enfocamos en algunos versículos clave, hallamos otra similitud entre las dos historias y también un mensaje en común.

En ambas historias encontramos que en momentos críticos, alguien hace una promesa. Cuando la continuación del legado de Abraham dependía de encontrar una pareja adecuada para que Isaac se casara, Abraham le hizo jurar a su siervo que sólo buscaría esposa para Isaac entre sus parientes. Del mismo modo, cuando el reinado de Salomón estuvo en peligro, David hizo el juramento para asegurar que Salomón fuera rey.

En ambos casos, hacemos la misma pregunta: ¿Por qué era necesario que estas personas hicieran promesas para asegurar una realidad que ya había sido prometida por Dios? Dios había prometido que Isaac iba a continuar el legado de Abraham, y Natán ya había profetizado que Salomón sería el sucesor de David. ¿Por qué Abraham y David no descansaron, en su vejez, y no esperaron a que Dios se encargara de todo?

Aunque Abraham y David confiaban plenamente en Dios, sabían que no estaban exentos  de poner de su parte. A pesar de que contaban con Dios, comprendían que también tenían que hacer un esfuerzo.

Amigos, vivimos en una época en la que vemos muchas profecías antiguas hacerse realidad. Tal como lo  predijeron los profetas, el pueblo judío ha vuelto a Israel y la tierra de Israel ha comenzado a florecer una vez más. Otras profecías que implican guerras contra Israel y todo tipo de conflictos mundiales, se están desarrollando. Pero sabemos cómo termina la historia. Sabemos que Dios ha prometido al Mesías y la paz en Israel.

Pero esto no quiere decir que tenemos la opción de mantenernos al margen y ver cómo pasan las escenas en las noticias en televisión. Al igual que David y Abraham, tenemos que comprometernos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para contribuir a que las promesas de Dios se hagan realidad. Debemos prometer que haremos nuestra parte. Estamos al borde de otra gran transición en la historia; es nuestro deber cumplir nuestro rol en todas las formas posibles.