Profecías vivientes

“Restauraré a mi pueblo Israel; ellos reconstruirán las ciudades arruinadas y vivirán en ellas. Plantarán viñedos y beberán su vino; cultivarán huertos y comerán sus frutos. Plantaré a Israel en su propia tierra, para que nunca más sea arrancado de la tierra que yo le di,” dice el Señor tu Dios. — Amós 9:14–15

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Ajarei Mot-Kedoshim, de Levítico 16:1—20:27 y la Haftará es de Amós 9:7–15.

En 1867, el autor estadounidense Mark Twain visitó la Tierra Santa y esto fue lo que vio: “Un país desolado . . . entregado por completo a la mala hierba . . . una extensión lúgubre y silenciosa . . . una desolación . . . nunca vimos un ser humano en toda la ruta . . . Apenas algún árbol o arbusto en unos cuantos lugares. Incluso el olivo y el cactus, amigos íntimos de suelos estériles, casi habían desertado el país.” La forma en que Mark Twain vio la tierra, era la manera en que se veía desde hacía más de dos mil años. Como fue pronosticado en la Biblia, la tierra dejó de florecer cuando los hijos de Israel fueron exiliados.

En la lectura de la Torá de esta semana, Dios dio a su pueblo la orden de “ser santos” (Levítico 19:2, RVC). La lectura contiene una gran cantidad de cosas que se deben hacer y no hacer, para guiar a la gente en el camino de la santidad. Cuando Dios da una orden, no debe tomarse a la ligera. Como demuestra la Haftará de esta semana, no prestar atención a la Palabra de Dios puede llevar a consecuencias desastrosas.

La Haftará se toma del libro de Amós. En él, el profeta se dirige a una nación rebelde y le dice a los israelitas que serán expulsados de su tierra, tal como advertía la lectura de la Torá: “Cumplan con todos mis estatutos y con todas mis ordenanzas. Pónganlas en práctica, para que no los expulse de la tierra a la que yo los llevo para que se establezcan” (Levítico 20:22). Cuando los hijos de Israel dejaron de cumplir las leyes del Señor, fue sólo cuestión de tiempo para que fueran expulsados; y efectivamente así sucedió.

Por dos mil años, la nación de Israel estuvo exiliada de la tierra de Israel. Durante ese tiempo, la tierra misma parecía que estuviera de luto. Así es como Mark Twain encontró la tierra en 1867. Pero la historia estaba a punto de avanzar a la etapa que se menciona en los versículos del libro de Amós: “Restauraré a mi pueblo Israel; ellos reconstruirán las ciudades arruinadas . . .”. Dios prometió llevar al pueblo de Israel de nuevo a su tierra; y de hecho así lo hizo.

Al leer el resto de los versículos de este libro, difícilmente se puede creer que el profeta esté hablando de la misma tierra que Mark Twain había visto. Amós describe las ciudades con viñedos, vino abundante y mucha vegetación y frutas. No obstante, esta es una descripción precisa de Israel en la actualidad. De forma milagrosa, la “extensión lúgubre y silenciosa” ¡se ha transformado en un jardín abundante!

Amigos, estamos viviendo en tiempos milagrosos, cuando vemos las profecías bíblicas cumplirse ante nuestros propios ojos. Únase a nosotros aquí en La Fraternidad, donde ponemos de nuestra parte para contribuir a los propósitos de Dios. Al fin y al cabo, la Palabra de Dios se cumplirá, pero nos toca a nosotros elegir si vamos a desempeñar un papel en el desarrollo de su plan.