Prioridades y perspectivas

Edifiquen ciudades para sus pequeños, y construyan corrales para su ganado, pero cumplan también lo que han prometido. — (Números 32:24)

La porción de la Torá de esta semana es una doble lectura, Matot-Massei, de Números 30:2 – 36:13, y la Haftará es de Jeremías 2:4-28; 4:1-2.

Hay una gran historia que se cuenta acerca de un hombre de negocios que está de vacaciones y conoce a un pescador mexicano. El empresario se da cuenta de que hay varios grandes atunes de aleta amarilla en el barco de pesca, por lo que felicita al pescador por la calidad del pescado y le pregunta cuánto tiempo le había tomado pescarlos. “Tan sólo un rato” le explica el pescador. “Bueno, ¿y qué haces con el resto de tu día?”, quería saber el empresario. “Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago la siesta con mi esposa María y doy una vuelta por el pueblo cada noche. Allí tomo vino y toco guitarra con mis amigos.”

El empresario no pudo resistir darle algunos consejos: “¿Sabes que si pasas más tiempo pescando, podrías comprar un barco más grande y luego con ese barco, podrías atrapar más peces, hasta el punto que incluso podrías comprar más barcos? Con el tiempo podrías atrapar tantos peces que podrías evitar los intermediarios y venderles directamente a los distribuidores. Te harías tan grande que podrías mudarte a Nueva York, desde donde podrías dirigir todo el negocio y luego vender acciones de tu empresa al público. ¡Podrías ganarte millones!”

El pescador meditó un rato sobre aquel consejo y le preguntó: “¿Cuánto tiempo tomaría?” “De quince a veinte años”, respondió el hombre. “Luego podrías jubilarte y vivir en un pequeño pueblo mexicano donde podrías dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer la siesta con tu esposa y beber vino con tus amigos.” “¡Pero eso es lo que hago ahora!”, respondió el pescador confundido.

No importa cuántas veces oiga esa historia, siempre me impresiona. ¡A menudo estamos tan inmersos en ganarnos la buena vida que nos olvidamos de disfrutar una buena vida!

En la lectura de esta semana, las tribus de Rubén y Gad le pidieron permiso a Moisés para instalarse en las afueras de Israel, donde la tierra parecía más exuberante. Moisés se enfureció con ellos, no porque no quisieran entrar en Israel, sino por la razón que tenían para no ir con los demás: ¡su ganado, sus negocios! (Números 32:4)

Los eruditos explican que Moisés castigó a las dos tribus por sus prioridades inapropiadas, y los corrigió instruyéndoles que construyeran primero ciudades para sus esposas e hijos y luego corrales para el ganado. Las tribus estuvieron de acuerdo y sólo entonces Moisés les dio permiso para que se establecieran al este del río Jordán. De esta manera, Moisés les estaba enseñando a los hijos de Israel ––y a nosotros–– que cuando se toman decisiones importantes en la vida, la familia, no los negocios, debe ser nuestra principal preocupación.

Tengamos muy en cuenta la enseñanza de Moisés. Dios, la familia y los amigos deben ser nuestras prioridades antes que nuestro trabajo. Nuestras relaciones son nuestras posesiones más importantes; son verdaderas bendiciones que ninguna cantidad de dinero puede comprar.