Presentando al Dios Eterno

“Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob bajo el nombre de Dios Todopoderoso, pero no les revelé mi verdadero nombre, que es el Señor.” — Éxodo 6:3

La porción de la Torá de esta semana, Vaierá, es de Éxodo 6:2—9:35 y de Ezequiel 28:25—29:12.

La porción de la Torá de esta semana se llama Vaierá, que significa “y aparecí.” Sin embargo, esto no es una referencia a algo que sucede en la porción de esta semana; es una alusión a Dios apareciendo en el pasado a Abraham, Isaac y Jacob. Es como si Dios estuviera diciéndole a Moisés: “En el pasado me presenté a los antepasados de una manera, pero tú tendrás una experiencia completamente diferente. Para los patriarcas yo era el ‘Dios Todopoderoso,‘ pero para ti, yo soy ‘el SEÑOR.’”

¿Qué estaba tratando Dios de decirle a Moisés?

Los eruditos explican que todos los nombres de Dios – y hay muchos – tienen un significado diferente. Cada nombre describe una manera diferente en la que podemos conocer a Dios. El nombre revelado a Moisés: “el Señor,” es el nombre de cuatro letras, Y-H-V-H, que proviene de estos tres términos: él era, él es y él será. Esto implica que cualquier promesa que Dios haya hecho en el pasado se recuerda en el presente y se cumplirá en el futuro.

En el pasado, Dios había hecho promesas a los patriarcas: les prometió llevar a sus descendientes a Egipto y después sacarlos de allí como una gran nación. Sin embargo, ellos nunca vieron cumplida aquella promesa. Aun así, tenían fe en el “Dios Todopoderoso,” sabiendo que Dios era todo poder y cumpliría fielmente su promesa en el futuro.

Moisés fue el primero en ver las promesas del pasado desenvolverse en el presente y llegar a buen término en un futuro inminente. Él fue el primero en conocer a Dios como Y-H-V-H – el Dios del pasado, del presente y del futuro – todo en un solo momento. Como le dijo Dios a Moisés previamente: “Ahora verás lo que voy a hacer con el faraón . . .” (Éxodo 6:1). Moisés estaba a punto de presenciar de primera mano el cumplimiento de las promesas antiguas.

En el resto de esta porción de la Torá, vemos las promesas haciéndose realidad mientras se dan los primeros pasos para redimir a los hijos de Israel y se desatan las siete primeras plagas milagrosas contra Egipto. Dios se apareció a Moisés como el Dios Eterno que cumple las profecías antiguas. Aquello se constituyó en una fuente de gran fortaleza para Moisés.

Hoy en día, estamos conociendo a Dios de la misma manera que Moisés lo conoció hace tres milenios. Al igual que Moisés, somos testigos del cumplimiento de profecías ante nuestros propios ojos. Los profetas predijeron acontecimientos que parecían poco probables de ocurrir: el retorno de las diásporas, el renacimiento de la nación de Israel, el florecimiento de la tierra desolada, la resurrección de la lengua hebrea y muchos más. Al igual que Moisés, también nos fortalecemos en la fe al ver estas promesas cumplidas.

Así como Dios ha cumplido estas promesas, él cumplirá todas las promesas, hasta que el mundo llegue a su estado de perfección.