Prender fuego

El Señor le dijo a Moisés que les ordenara a Aarón y a sus hijos: “Esta es la ley respecto al holocausto: El holocausto se dejará arder sobre el altar toda la noche hasta el amanecer, y el fuego del altar se mantendrá encendido.” — Levítico 6:8–9

La porción de la Torá de esta semana, Tzav, es de Levítico 6:8–8:36 y la Haftará es de Jeremías 7:21–23.

Cuando hace frío afuera, no hay nada tan cálido y reconfortante como una buena lumbre. Pero como puede atestiguar cualquiera que haya tratado de encender una fogata, producir aquellos pintorescos fuegos no es tan fácil. Si simplemente se tira un fósforo encendido sobre la leña, casi no pasa nada. Primero hay que encender objetos más pequeños y combustibles, como papel o yesca, y una vez que estos prendan fuego, dentro de poco tiempo toda la pila de leña arde en llamas.

La porción de la Torá de esta semana se llama Tzav, que significa “orden”. Viene del segundo versículo de la lectura: “ . . . que les ordenara a Aarón y a sus hijos.” Esta lectura tiene que ver con las leyes del servicio de los sacerdotes, Aarón y sus descendientes.

Los eruditos señalan dos puntos importantes con respecto a este versículo, que ayudan a descifrar su significado más profundo. En primer lugar, la palabra “orden” no es lo que tal vez pensaríamos. Aunque una de las acepciones del diccionario define la palabra como “un mandato,” los eruditos explican que aquí la palabra significa “ánimo.”

Moisés debía animar a los sacerdotes a que fueran apasionados en su servicio a Dios y que nunca dejaran que decayera esa pasión: “el fuego del altar se mantendrá encendido.” A medida que leemos de los muchos deberes de los sacerdotes, comprendemos que era importante animarles desde el principio, de manera que no se agotaran hasta “apagar su llama,” sino que siguieran resplandeciendo de pasión por Dios.

La segunda idea que los eruditos señalan es que la intención de este mandamiento no era sólo para los sacerdotes, sino también para todos los hijos de Israel. Si ese era el caso, ¿por qué se les dio el mandamiento/ánimo sólo a los sacerdotes?

Los eruditos explican que si los sacerdotes mantenían su pasión de servir a Dios, entonces la gente también se mantendría apasionada. Del mismo modo que se necesita unos trozos de yesca para encender toda una pila de leña, así también unas cuantas personas apasionadas pueden encender una nación entera. Si un pequeño grupo de personas puede servir a Dios con pasión y entusiasmo, dentro de poco tiempo  la gente en su entorno también “se prenderá fuego.”

Sin duda, la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que nos gustaría cambiar el mundo, y nos gustaría que todos alrededor nuestro sirvieran a Dios con pasión y entusiasmo. Pero cambiar el mundo puede parecer una tarea demasiado grande y abrumadora. En las sabias palabras de Mahatma Gandhi: “Sea el cambio que quiere ver en el mundo.” En otras palabras, si usted quiere cambiar el mundo, comience por usted mismo. Comience por encender su propia alma.

Cuando vivimos con fuego y pasión por Dios, nuestra llama se extiende a los que nos rodean y luego a los que les rodean a ellos. De esta manera, podemos hacer brillar nuestro propio rincón del mundo para Dios.