Por mi Espíritu

Así que el ángel me dijo: “Ésta es la palabra del Señor para Zorobabel: No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu, dice el Señor Todopoderoso.” — Zacarías 4:6

La porción de la Torá de esta semana, Behaalotejá, es de Números 8:1–12:16 y la Haftará es de Zacarías 2:14– 4:7.

David Ben Gurión, el primer Primer Ministro de Israel, dijo una vez: “En Israel, para ser realista, hay que creer en los milagros.” Ben Gurión reconoció que la creación de Israel y su capacidad de sobrevivir no es más que un milagro. Israel es un testimonio viviente de que Dios ––no la política o los ejércitos–– controla el mundo. Nuestro mundo no es producto de la fuerza, es un reflejo del espíritu.

En la porción de la Torá de esta semana, leemos de la menorá, la lámpara de siete brazos que los sacerdotes encendían en el Templo. En la Haftará, leemos una porción de Zacarías, que incluye su visión acerca de la menorá. Esta es la misma Haftará que se lee en el Shabbat de Janucá, la fiesta en que encendemos nuestras propias menorás, en memoria de que los macabeos judíos derrotaron a los griegos opresores de forma milagrosa.

Esto es lo que Zacarías vio: Había una menorá de oro de siete brazos, y de un tazón situado por encima de la menorá emanaban chorros de aceite que llenaban cada uno de sus brazos. Había también dos olivos a ambos lados de la menorá.

El ángel que le estaba mostrando la visión a Zacarías, le preguntó: “¿No sabes qué es esto? . . . . No, señor mío” (4:5), le respondió Zacarías. El ángel le explicó el significado de la visión con estas palabras: “Ésta es la palabra del Señor para Zorobabel: No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu.

¿Cómo hemos de interpretar la explicación del ángel?

Por lo general, para producir aceite de oliva, se necesita primero cultivar árboles de aceitunas, luego cosechar las aceitunas y a continuación, aplastarlas; de esa manera se convierten en aceite, en un proceso que requiere semanas. Los olivos en la visión de Zacarías representan nuestro esfuerzo. Sin embargo, la menorá no se ilumina por nuestro esfuerzo. El aceite viene directamente desde arriba. En otras palabras, el mundo no cobra vida por nuestro esfuerzo; es el producto de la voluntad de Dios, que fluye desde arriba hasta nuestra vida.

Esto no quiere decir que nuestro esfuerzo no cuenta o no le importa a Dios. Nuestro esfuerzo es necesario y valorado por nuestro Padre en el cielo. Pero en última instancia, su voluntad es mayor que la nuestra, y sólo su voluntad determinará el destino de la humanidad. Ese fue el mensaje de Dios a Zorobabel, el líder de los judíos cuando Israel regresó después del primer exilio. Si Dios lo quería, las poderosas montañas se convertirían en suelo llano (v. 7).

Ese es también el mensaje para nosotros. Mientras pasamos, muy ocupados, por la vida, no olvidemos quién, en última instancia, tiene el control.