Pasar la antorcha

Así lo hizo Aarón. Instaló las lámparas de modo que alumbraran hacia la parte delantera del candelabro, tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés — Números 8:3

La porción de la Torá de esta semana, Behaalotejá, es de Números 8:1–12:16 y la Haftará es de Zacarías 2:14– 4:7.

Hace poco estuve en un funeral en el Monte de los Olivos en Jerusalén, para un hombre judío de Nueva York que había vivido una larga vida y muerto en paz. Sin embargo, cuando su hijo leyó su elogio, a todo el mundo se le llenaron los ojos de lágrimas. El hijo habló de un hombre pobre y sencillo, del que se sentía avergonzado cuando era más joven, y de cómo, a medida que se fue haciéndose mayor, el respeto por su padre creció.

El hijo lamentaba el hecho de que había llegado a valorar a su padre cuando ya era “demasiado tarde”, pero que estaba orgulloso de continuar su legado, pues iba a criar a sus hijos en Jerusalén, donde no tendrían una vida de lujo, pero sí una significativa. El hijo concluyó su elogio con esta frase: “Papá, no tenías mucho que dejar, pero dejaste TODO lo que realmente importa”.

La lectura de esta semana comienza con el mandamiento a Aarón y a sus hijos, de encender la menorá, la lámpara de siete brazos en el Templo. La lectura de la semana pasada se trataba de las ofrendas que los príncipes de cada una de las doce tribus le llevaron a Dios. Los eruditos explican la relación entre la lectura de esta semana y la lectura de la semana pasada. Después de ver a los príncipes ofrecer sus dádivas, Aarón se sentía mal por no haber aportado nada. Así que Dios lo consoló al señalar que sus descendientes serían los que encenderían la menorá por siempre.

Pregunta: ¿Por qué Dios resaltó la menorá, cuando había muchas otras tareas que Aarón y sus descendientes podían realizar en el Templo? Otra pregunta: ¿Cómo que “por siempre”? ¿No es cierto que la menorá no se volvió a encender después de que los Templos fueron destruidos?

Los eruditos explican lo que Dios quiso transmitir. Siglos más tarde, bajo la opresión griega, los descendientes de Aarón fueron los que derrotaron a los griegos. Sucede que sus descendientes eran los Macabeos, y su victoria se recuerda cada año en la festividad de Janucá. En esa fiesta, encendemos nuestras propias menorás, ¡y así es cómo los descendientes de Aarón son los que encienden y encenderán la menorá por siempre!

La menorá y sus luces representan la espiritualidad, y su iluminación simboliza la propagación de la espiritualidad y la luz de Dios en la oscuridad de este mundo. Cuando Dios le dio a Aarón el trabajo de encender la menorá por la eternidad, le estaba diciendo que a través de su familia, la luz de Dios se extendería por todo el mundo y su legado continuaría.

Compartir la luz de Dios y transmitirla a la próxima generación, es el tipo de contribución que dura para siempre. No se trata de cuánto dejamos en este mundo; se trata de dejar lo que más importa.