Jerusalén, nuestro hogar eterno

Ah, Jerusalén, Jerusalén,
   si llegara yo a olvidarte,
   ¡que la mano derecha se me seque!
Si de ti no me acordara,
   ni te pusiera por encima de mi propia alegría,
   ¡que la lengua se me pegue al paladar! – Salmo 137:5-6

En 1903, Joseph Chamberlain, el secretario colonial británico, le hizo una oferta a Theodore Herzl y su grupo sionista. Los británicos estaban dispuestos a darles a los judíos casi 13,000 kilómetros cuadrados de terreno en Uganda, África, para que establecieran la patria judía allí. La propuesta provocó un feroz debate. Por un lado, aquella tierra les proporcionaría a los judíos una patria donde serían libres para vivir en paz y protegerse de cualquier peligro. Por otro lado, aquella oferta estaba muy lejos del sueño sionista de volver a la antigua patria de los judíos: Israel.

Afortunadamente, la oferta fue rechazada, debido a que se consideró que la tierra no era adecuada. Sin embargo, la cuestión quedó pendiente: a pesar de que la patria histórica de los judíos es Israel, ¿realmente es importante adonde esté ubicada la patria judía en la actualidad?

El Salmo 137 responde a esta pregunta con un rotundo “¡sí!” Durante 2,000 años, el versículo 5 de este salmo ha sido una piedra angular de la devoción y el culto judío: “Ah, Jerusalén, Jerusalén, si llegara yo a olvidarte, ¡que la mano derecha se me seque!” Durante siglos, hemos anhelado, orado y trabajado para que los judíos retornaran a Jerusalén. En momentos de alegría, se ha leído este versículo mientras se recordaba Jerusalén. Una pequeña parte de cada hogar judío se deja sin acabar, para recordar la destrucción de Jerusalén. Cada año en el noveno día del mes hebreo de Av, se pasa el día ayunando y llorando por Jerusalén.

Jerusalén. No es Polonia ni tampoco Estados Unidos o Uganda. Jerusalén es la única capital que los judíos siempre han tenido, ¡e Israel es la única patria judía que jamás habrá!

Lo anterior se debe a que Israel es donde los judíos pertenecen. En Deuteronomio 1:8, Dios dice: “Yo les he entregado esta tierra; ¡adelante, tomen posesión de ella! El Señor juró que se la daría a los antepasados de ustedes . . . y a sus descendientes.” ¿Adivine de cuál tierra estaba hablando Dios? ¡No de Uganda! ¡A los hijos de Israel y a sus descendientes se les prometió la tierra de Israel por toda la eternidad!

En Jeremías 50:19, Dios dice: “Haré que Israel vuelva a su prado y que se alimente en el Carmelo y en Basán. Su apetito quedará saciado en las montañas de Efraín y Galaad.” A pesar de que los israelitas iban a ser exiliados, Dios los traería de vuelta. No a Nueva York ni a California, sino a Carmelo y Basán en Israel. Israel es nuestra patria eterna.

A lo largo de los años, La Fraternidad ha sido bendecida al ayudar a judíos de todo el mundo a regresar a su hogar en Israel, a través de nuestro ministerio En Alas de Águilas. Le invitamos a unirse a nosotros en esta santa obra de traer al pueblo judío de regreso al hogar que Dios les dio.