¡No golpee la burra!

Pero el Señor hizo hablar a la burra, y ella le dijo a Balán: “¿Se puede saber qué te he hecho, para que me hayas pegado tres veces?” — (Números 22:28)

La porción de la Torá de esta semana, Balak, es de Números 22:2 – 25:9, y la Haftará es de Miqueas 5:6 – 6:8.

Mucho antes que Mr. Ed, el caballo hablante, o el burro de “Shrek”, existió la burra de Balán. La porción de la Torá de esta semana contiene la fascinante historia de un rey, un hechicero y una burra que hablaba. Los tres se encontraban en la misión de maldecir a los hijos de Israel, pero no tuvieron éxito. En el desarrollo de la historia, podemos aprender una lección importante de la boca de la burra.

Esto es lo que sucedió: Después de acordar ayudar al rey Balac de Moab a debilitar a los israelitas, Balán, el hechicero, viajó a donde estaban acampando los hijos de Israel. Se despertó temprano en la mañana, ensilló su asna y salió con los gobernantes de Moab que habían venido a acompañarlo.

Sin embargo, Dios, que estaba muy enojado porque Balán iba a intentar hacerle daño a su pueblo escogido, envió un ángel con una espada para bloquear su camino. Sólo la burra vio al ángel, por lo que sólo ella trató de esquivarlo. El resultado fue que Balán golpeó a la burra para conseguir que retomara el camino.

Este episodio se repitió tres veces, hasta que “el SEÑOR hizo hablar a la burra, y ella le dijo a Balán: ‘¿Se puede saber qué te he hecho, para que me hayas pegado tres veces?’” La burra le recordó a Balán que siempre había sido una sierva fiel. Por último, le fueron abiertos los ojos de Balán, y este vio al ángel y comprendió lo que sucedía.

La palabra hebrea para burro es jamor. Esta palabra comparte casi todas las letras con la palabra jomer, que significa “material”. En nuestra historia, la burra representa las cosas materiales y el ámbito físico. En la vida, muchas veces cuando no podemos hacer u obtener lo que queremos, le echamos la culpa a nuestra situación material. Nos enojamos porque no tenemos suficiente dinero, o nos frustramos porque nuestro automóvil se descompuso. ¡Culpamos al clima, a nuestra apariencia, a nuestra casa y a lo que sea! Pero realmente nunca son objetos materiales los que nos impiden el paso. Hay algo que no podemos ver ––algún tipo de ángel–– bloqueando nuestro paso, por razones que sólo Dios conoce.

¡No golpee la burra! La parte material de nuestra vida nos ha servido bien, ¡y tenemos que estar muy agradecidos por todo! Si hay algo bloqueándonos, es porque Dios ha decidido que no debemos ir a alguna parte o hacer algo, y siempre es para nuestro bien. En hebreo, la palabra para “ángel” también significa “mensajero”. Cuando en nuestra vida las cosas materiales no funcionan como deseamos, es porque están siendo bloqueadas por un ángel, un mensajero de Dios.

Hace poco leí esta cita: “Los problemas no son señales de alto, son guías”. Cuando nuestros objetos materiales no responden como queremos, lo que están haciendo es apuntarnos en otra dirección. Sería aconsejable seguir esas señales; ellas se nos dan por la guía amorosa de Dios.