No dude en delegar

“’No está bien lo que estás haciendo’, le respondió su suegro, ‘pues te cansas tú y se cansa la gente que te acompaña. La tarea es demasiado pesada para ti; no la puedes desempeñar tú solo’”. (Éxodo 18:17-18, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Yitro, es de Éxodo 18:1 – 20:23 y de Isaías 6:1 – 7:6; 9:5-6.

La Biblia no es un libro de autoayuda; la palabra de Dios es mucho más que eso. ¡Pero esto no significa que no podamos obtener buenos consejos de las Escrituras! La conversación entre Moisés y su suegro Jetro, en la lectura de la Torá de esta semana, es exactamente eso: buenos consejos prácticos para la vida.

Cuando Jetro se unió a Moisés y a los hijos de Israel en el desierto, se dio cuenta de que había una fila muy muy larga de gente esperando para hablar con Moisés. Jetro observó lo que pasaba y dijo: “No está bien lo que estás haciendo (…), pues te cansas tú y se cansa la gente que te acompaña”. Jetro se dio cuenta de que había un límite a lo que la gente podía esperar para recibir respuesta a sus apremiantes preguntas, y que Moisés sólo podía servir a la gente hasta cierto punto antes de agotarse por completo. El statu quo no podía sostenerse y “no estaba bien” en absoluto.

Así que Jetro le dio un buen consejo a su yerno. Le aconsejó a Moisés formar a personas que luego capacitaran a otras personas para que estas a su vez capacitaran a otras personas, hasta que hubiera toda una jerarquía de jueces que pudieran servir a la gente y responder a sus preguntas. Como dijo Jetro: “La tarea (…) no la puedes desempeñar tú solo” y ciertamente no tenía por qué hacerlo. En una palabra: ¡delegar! Moisés siguió ese consejo sabio.

Delegar es un modo de operación muy aceptado en el mundo del trabajo, tanto en grandes corporaciones como en pequeñas empresas. Pero a veces nos resistimos a delegar en nuestra vida personal.

Hay dos razones principales por las que las personas dudan cuando se trata de delegar. La primera es la necesidad de control. Cuando le damos una tarea a otra persona, le entregamos nuestra capacidad de controlar cómo se hace, cuándo se hace y el resultado final, lo que es difícil para muchas personas. La otra razón por la que la gente no delega es por falta de tiempo. Se necesita tiempo para formar a alguien para que haga un trabajo nuevo. A menudo, preferimos simplemente hacerlo nosotros mismos.

Pero la Escritura nos enseña que delegar tareas es mejor que aferrarse a ellas. Aunque perdamos algo de control y tiempo a corto plazo, ganamos poder y tiempo a largo plazo. Como dijo Jetro, cuando tratamos de hacer demasiadas cosas nos agotamos a nosotros mismos, y eso no es bueno para nosotros ni para las personas a las que servimos, incluyendo nuestras familias. Tampoco es lo que Dios quiere de nosotros. Cuando delegamos tareas, nos liberamos para funcionar mejor en lo que mejor sabemos hacer y en lo que deberíamos hacer.

No se olvide que el mismo Moisés fue humano y necesitaba delegar. Sin duda, nuestras necesidades también lo requieren. Tenemos que ser humildes como Moisés y pedir ayuda a otros. Sólo entonces tendremos la libertad para ser lo mejor que podemos ser.