Nadie se queda atrás

“Cada mañana, cuando Aarón prepare las lámparas, quemará incienso aromático sobre el altar.” — Éxodo 30:7

La porción de la Torá de esta semana, Tetzavé, es de Éxodo 27:20 – 30:10 y de Ezequiel 43:10-27.

El negocio de los perfumes es una industria de miles de millones de dólares, que invierte enormes cantidades de capital en la creación de perfumes con las mejores fragancias. La Biblia nos enseña que Dios tenía su propio aroma favorito y que compartió sus ingredientes con su pueblo. Sin embargo, desde la época del Templo, nadie ha sido capaz de reproducir o replicar su belleza.

Uno de los deberes de los sacerdotes era quemar incienso en el Templo Sagrado todas las mañanas. A aquel incienso se le llamaba ketoret, y se dice que tenía un olor más agradable que cualquier otra cosa en el mundo. Su aroma traía alegría al alma y grandeza al Templo. Su fragancia, según consta, ¡flotaba en el aire desde Jerusalén hasta Jericó!

Sin embargo, al conocer sus ingredientes quedamos desconcertados. Si bien la mayoría de los ingredientes tienen olores agradables, hay un elemento – la jelboná (gálbano) – ¡que huele muy mal! ¿Por qué Dios añadiría algo maloliente al incienso santo que tenía un olor dulce?

Los eruditos explican que el incienso representa a todo el pueblo de Dios. La jelboná representa a los pecadores. ¿Dejaría Dios de lado a los pecadores entre nosotros? ¡No! Los eruditos enseñan que “Dios espera hasta el último día para que el pecador se arrepienta.” Dios no descarta a nadie, ¡y nosotros tampoco debemos hacerlo!

Es por esto que Dios instruyó a los sacerdotes incluir la maloliente jelboná en la ofrenda de incienso. Él quiere que sepamos que tenemos el deber de extender la mano a los pecadores y traerlos al redil. Se supone que nuestro servicio a Dios debe inspirar y animar a otros. Si nuestro crecimiento y espiritualidad no contagian a alguien carente en estas áreas, entonces no hemos hecho nuestro trabajo.

¿Y sabe qué? Cuando la jelboná se combina con los otros ingredientes del ketoret, ¡ya no huele mal! ¡Juntarse con los otros elementos transforma la jelboná en algo hermoso!

Nosotros tenemos el mismo poder de transformar y elevar a los demás seres humanos. Cuando compartimos la belleza de la Palabra de Dios con los demás, también se vuelven más hermosos. Como escribió el rey Salomón: “Sus caminos son placenteros y en sus senderos hay paz” (Proverbios 3:17). A veces las personas sólo necesitan un poco de amor y ánimo para poder ver cuán agradable es el camino de Dios.

Hoy, asumamos esa perspectiva en nuestras interacciones diarias. Todos fuimos creados para servir a Dios, y nuestro servicio a él no será completo si tan sólo un ser humano se queda atrás.