Nada dura para siempre

“Dos años más tarde, el faraón tuvo un sueño: Estaba de pie junto al río Nilo”. (Génesis 41:1, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Miketz, es de Génesis 41:1 – 44:17 y de 1 Reyes 3:1 – 4:1.

La porción de la Torá de esta semana se llama Miketz, que significa “al final”, como en “al final de los tiempos” (Daniel 12:13, NVI). Esta porción recibe su nombre del primer versículo de la selección: “Dos años más tarde, el faraón tuvo un sueño…”. José había estado encarcelado por dos años, cuando el Faraón tuvo unos sueños perturbadores que nadie podía interpretar. Faraón escuchó hablar de un hombre joven que estaba en la cárcel y que tenía la capacidad de interpretar sueños; así, José fue llevado ante el Faraón. José tuvo éxito en la interpretación de los sueños del rey de Egipto, y como recompensa, el encarcelamiento de José llegó a su fin.

El tema de esta semana se trata de finales; todo tiene un final. Hay un final para el día de hoy, un final para todos nuestros días, y eventualmente, un final para todos los días de este mundo tal como lo conocemos.

La tradición judía enseña que el rey David tenía un anillo especial con una inscripción cuyo mensaje él vivía: “Esto también pasará”. El gran rey de Israel –que experimentó hundirse hasta lo más bajo y elevarse hasta los más alto, en su multifacética existencia– vivió y aprendió esta verdad acerca de la vida. Todo lo que empieza también terminará y dará lugar a un nuevo principio.

Saber eso en su corazón ayudó a David a enfrentar el peor de los momentos y no lo dejó ponerse demasiado cómodo durante los buenos tiempos. Esto le mantuvo enfocado en su fin último, su muerte, que también daría lugar al comienzo más importante, su vida futura.

Mientras leemos la porción de la Torá de Miketz, acerca de los siete años buenos que José predijo, seguidos de siete años malos, recordemos que los años buenos y los malos van y vienen. De hecho, la palabra hebrea para año, “shana”, también significa “cambio”. Esto es porque nuestros años son siempre cambiantes, de mejor a peor y luego a mejor otra vez. Así que, como el rey David, tenemos que permanecer por encima de la turbulencia del cambio y recordar que nada en este mundo dura para siempre.

Excepto Dios.

Sólo Dios es eterno. Sólo Dios es para siempre. Su Palabra es eterna y sólo él puede bendecirnos con la eternidad.

Si el día de hoy es bueno o malo, recuerde que mañana puede ser completamente diferente.