Mirar hacia arriba

Ustedes y todos sus descendientes deberán confeccionarse flecos, y coserlos sobre sus vestidos con hilo de color púrpura. Estos flecos les ayudarán a recordar que deben cumplir con todos los mandamientos del Señor, y que no deben prostituirse ni dejarse llevar por los impulsos de su corazón ni por los deseos de sus ojos. —Números 15:38-39

La porción de la Torá de esta semana, Shelaj, es de Números 13:1 – 15:41 y la Haftará es de Josué 2:1 – 24.

El poeta Ralph Waldo Emerson dijo una vez: “El cielo es el pan de cada día de los ojos.” El cielo nos inspira, nos anima a creer en posibilidades, en que “el cielo es el límite.” El cielo es reconfortante; nos recuerda que desde una perspectiva superior, nuestros problemas parecen muy, pero muy pequeños. El cielo nos recuerda que no estamos solos, que hay un reino celestial arriba y que Dios vela por nosotros. El cielo es alimento para el alma.

En la lectura de esta semana, a los israelitas se les ordena “que se hagan unos flecos en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada fleco de los bordes un cordón de azul.” (Números 15:38) Los judíos han cumplido este mandamiento durante miles de años con el uso de una prenda interior llamada tzitzit. La prenda es blanca y tiene cuatro puntas, con flecos especialmente atados en cada una de ellas. Al ponérsela, se dice una bendición especial y se besan los flecos mientras uno recuerda con cariño su relación con Dios.

Si alguna vez ha visto un tzitzit, se habrá dado cuenta de que le falta algo. Hoy en día, la mayoría de los flecos son de color blanco, a pesar de que el versículo dice claramente que deben tener un cordón azul. La razón es que el azul que menciona el versículo no es cualquier azul; es un tinte azul derivado de una fuente en particular, y en los dos mil años de exilio, se había perdido la fuente de ese color azul específico, que en hebreo se llama tekhelet.

Por lo menos hasta ahora. La búsqueda del azul perdido fue revivida en las últimas décadas y se logró encontrarlo. Un grupo de rabinos, arqueólogos y  químicos, se dispuso a redescubrir aquella antigua tonalidad. La fuente ha sido identificada como el caracol Murex Trunculus, que se puede encontrar en las afueras de la costa de Israel. La técnica de teñido se ha perfeccionado, ¡y el cordón azul puede verse otra vez!

El redescubrimiento del tekhelet ha causado gran alegría entre los judíos. Pero, ¿por qué tanto revuelo? ¿Por qué los flecos blancos no son suficientes para recordarnos a Dios? ¿Por qué el cordón tiene que  ser azul?

Los eruditos enseñan que: “El tekhelet se asemeja al mar, y el mar se parece al cielo, y el cielo se asemeja al santo trono de Dios.” Esa es la razón por la que los rabinos enseñan que “quien viste tekhelet es como si hubiera recibido la Presencia Divina.” El azul, y en particular este azul, es un recordatorio de Dios en el cielo. El tekhelet es el tan necesario “pan de cada día de los ojos,” que mantiene el alma en consonancia con la voluntad de Dios.

También tenemos el cielo, que cumple el mismo fin. Cuando esté cansado, mire hacia arriba. Cuando se sienta solo, mire hacia arriba. Cuando se sienta decaído, mire hacia arriba. ¡Busque a Dios y él hará brillar su rostro sobre usted!