Milagros ocultos

Por eso puede leerse en el libro de las guerras del Señor: “ . . . hacia el Mar Rojo, los valles y el Arnón.” — Números 21:14

La porción de la Torá de esta semana, Jukat, es de Números 19:1-22:1, y la Haftará es de Jueces 11:1-33.

Recientemente, el teniente general Benny Gantz, jefe de Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), dijo lo siguiente sobre la situación de inestabilidad en el Medio Oriente: “No pasa un día sin que nos enfrentemos a un incidente con el potencial de encender una batalla a gran escala.”

Afortunadamente, el ejército israelí es capaz de dispersar esas situaciones y así permitir que los civiles inocentes continúen con su vida normal, sin la más mínima idea de que estuvieron en peligro. Pero el verdadero agradecimiento es para Dios Todopoderoso, quien lleva a cabo un sinnúmero de milagros ocultos cada día.

En la lectura de esta semana, el último capítulo se parece a una trepidante epopeya. Los israelitas enfrentaron una crisis tras otra, al dirigirse a las fronteras de la Tierra Prometida. El pueblo cansado tuvo que lidiar con la muerte de Miriam, el hambre, la sed y un ataque de los amalecitas; luego vinieron las serpientes y muchas otras batallas contra poderosos reyes y sus ejércitos. No es de extrañar que la canción que el pueblo cantaba en aquel tiempo, sublime y aparentemente insignificante, se ignore casi por completo.

No obstante, los eruditos enseñan la importancia de la canción. Uno de los versos dice: “Vaheb, en la región de Sufá, por los arroyos y por el Arnón.” (Números 21:14) En el hebreo tradicional, la interpretación literal de ese versículo es la siguiente: “El don de Sufá ––en referencia al Mar de los Juncos o Mar Rojo, conocido en hebreo como el Iam Suf–– y los ríos de Arnón.” Los eruditos resaltan la referencia que se hace al milagro del Mar Rojo, en relación con los ríos de Arnón. Según su criterio, ocurrió un milagro en los ríos de Arnón, semejante a la división del Mar Rojo.

Esto es lo que sucedió: Cuando los hijos de Israel se aproximaban a la tierra de Israel, los amorreos se escondieron en las grietas de los acantilados y en las rocas. Su plan era emboscar a los israelitas. Sin embargo, Dios milagrosamente hizo que los dos acantilados se juntaran, aplastando a los posibles atacantes y demoliendo todo el ejército de los amorreos. Los hijos de Israel no se habrían enterado de que habían estado en tan grave peligro, de no haber sido por la sangre que corría por los acantilados y en los ríos de Arnón. Fue entonces que reconocieron el gran milagro que Dios les había hecho y dieron gracias a través de su canción.

Amigos, nuestro Padre amoroso realiza milagros ocultos a favor nuestro todo el tiempo. Algunos los reconocemos más adelante en la vida, y hay otros que nunca llegamos a conocer. ¿Cuántos posibles terroristas no tuvieron éxito? ¿Cuántos accidentes de automóvil se evitaron milagrosamente en el último momento?

Así que alabemos a Dios y demos gracias por los muchos milagros que él hace por nosotros, tanto milagros ocultos como revelados. ¡Que él continúe haciéndolos y bendiciendo a su pueblo con la paz!