Milagros de todos los días

Lea volvió a quedar embarazada, y dio a luz un cuarto hijo, al que llamó Judá porque dijo: “Esta vez alabaré al Señor.” Después de esto, dejó de dar a luz.Génesis 29:35

La porción de la Torá de esta semana, Vaietzé, es de Génesis 28:10-32:3 y de Oseas 12:13-14:10.

Cuando Lea dio a luz a su cuarto hijo, le dio un nombre que reflejaba cómo se sentía: Judá. El nombre Judá viene de la palabra hebrea hoda’a que significa agradecer o alabar. En aquel momento, Lea sintió una abrumadora sensación de gratitud hacia su Creador por haberle dado otro hijo.

Los eruditos hacen una declaración desconcertante acerca del nombre que Lea eligió. Dicen que Lea fue la primera persona de la historia en alabar a Jehová. Pero, ¿qué de todas las grandes personas que existían antes de ella? ¡Seguramente Abraham e Isaac dieron gracias a Jehová y ofrecieron sacrificios de alabanza a él! ¿Cómo pueden los eruditos hacer una afirmación tan escandalosa?

Debemos entender lo que los eruditos querían decir con esta declaración. Todos los que vivían antes de Lea agradecieron a Dios, lo hicieron en respuesta a algún evento fuera de lo normal, a un milagro de algún tipo. Lea fue la primera en dar gracias a Dios por las maravillas comunes que ocurren todos los días. Ella dio a luz a un bebé hermoso y saludable –algo que muchas personas dan por sentado– y dijo: “Oh, esto es milagroso”. Lea fue la primera en darse cuenta de que solo porque algo es natural y común, no significa que no sea milagroso. Ella fue la primera en alabar a Dios por las maravillas naturales.

Es muy fácil quedarse atrapado en la actividad de la vida cotidiana y perderse las cosas extraordinarias que están sucediendo a nuestro alrededor. Muchos de nosotros damos por sentado la gloria de la salida del sol por la mañana y el brillo de las estrellas por la noche. No apreciamos plenamente el don de una querida amistad, de la belleza de la risa de los niños o la posibilidad de comer una buena comida. Los milagros de Dios están en todas partes. Él está en el viento que sopla a través de los árboles y en la brisa que besa sus mejillas. Él está en la subida y bajada de las olas del mar. Lea fue la primera en abrir los ojos y apreciar que Dios está en todas partes. Así fue que dio gracias por todo.

En el servicio diario de oración de los judíos, recitamos una oración especial de alabanza y gratitud, tres veces al día. Esto es lo que leemos: “Te damos gracias . . . Tus milagros están con nosotros todos los días y tus maravillas y tu bondad existen en todo momento”.

El legado de Lea sigue en vigor. Tomemos el tiempo para reflexionar a diario sobre los milagros que experimentamos todos los días de nuestra vida, en todo momento. Porque cuando podamos encontrar a Dios en las cosas pequeñas, mereceremos ver los milagros más grandes.

¿Qué milagros está recibiendo en su vida ahora mismo?