Mientras la vela esté encendida

Diez de los hermanos de José fueron a Egipto a comprar alimento. — Génesis 42:3

La porción de la Torá para esta semana, Miketz, es de Génesis 41:1 – 44:17 y de 1 Reyes 3:1 – 4:1.

Para el momento en que los hijos de Jacob fueron a Egipto a causa de la hambruna en Canaán, José tenía 22 años de desaparecido. Así que los eruditos encuentran extraño que en las Escrituras, a los diez hermanos se les conozca como “los hermanos de José.” Ellos no habían tenido nada que ver con José durante más de dos décadas, y sin duda, ¡la última vez que lo vieron no habían actuado como hermanos! ¿No habría sido “los hijos de Jacob” un término más apropiado?

Los eruditos explican que se les llama “los hermanos de José” con el fin de enseñarnos que cuando fueron a Egipto, ciertamente se estaban comportando como una familia. Los hermanos habían lamentado mucho el hecho de haber vendido a José y estaban desesperados por encontrarlo. Pero esto nos lleva a otra pregunta: ¿Por qué iban siquiera a imaginar que José todavía estaba vivo? ¡La esperanza de vida no era mucha para los esclavos en Egipto!

Se cuenta una historia acerca de un gran rabino en el siglo xix, que vivía en un pueblo donde había un zapatero ateo. Una tarde, cuando el rabino caminaba hacia su casa desde la sinagoga, se le rompió el zapato. Tal como la Providencia lo quiso, estaba justo al lado de la tienda del zapatero ateo. El rabino le dio sus zapatos al hombre y esperó a que estuvieran listos. Después de mucho rato, el rabino le preguntó cortésmente al zapatero si había alguna esperanza de que sus zapatos estuvieran listos esa noche. El hombre respondió: “Mientras la vela esté encendida, hay esperanza de que se complete el trabajo.”

El rabino se regocijó, no porque había esperanza para sus zapatos, sino porque había aprendido una valiosa lección del ateo. El rabino a menudo citaba la frase del zapatero, porque para él, aquellas palabras tenían un significado más profundo: “Mientras que una persona respire, no debe perder la esperanza.”

La esperanza y la fe han sido dos pilares del judaísmo durante mucho tiempo. Esta es la razón por la que los hermanos de José descendieron a Egipto llenos de esperanza. Mientras existiera la más mínima posibilidad de encontrar a su hermano y hacer las paces, tenían que tener fe. Al final, su esperanza fue ratificada. Pero incluso si no hubieran encontrado a José, su esperanza todavía habría sido válida. Cada vez que esperamos lo mejor, afirmamos nuestra fe en el Dios Todopoderoso, que es omnipotente y lleno de amor.

¿Cuál es su anhelo? ¿Están las probabilidades en su contra? ¿Siente que va a darse por vencido? ¡No lo haga! Una persona debe tener esperanza hasta que exhale su último aliento; y aun así, todavía hay esperanza. Tenemos fe para creer que con Dios todo es posible y confiamos en que todo lo que sucede es para bien.