Mi pueblo

“Si uno de ustedes presta dinero a algún necesitado de mi pueblo, no deberá tratarlo como los prestamistas ni le cobrará intereses.” — Éxodo 22:25

La porción de la Torá de esta semana, Mishpatim, es de Éxodo 21:1 – 24:18 y de Jeremías 34:8 – 34:22.

Entre las muchas leyes mencionadas en la porción de la Torá de esta semana, están aquellas relacionadas con la forma en que tratamos a otras personas, incluyendo a los pobres y necesitados. Aunque en muchas sociedades, quienes viven en los estratos sociales más bajos son ignorados o despreciados, la Biblia nos ordena repetidamente a cuidar de los necesitados con dignidad y respeto. Se nos manda a valorarlos no menos que a nosotros mismos, y tal vez aún más.

Basta con fijarse en lo que Dios dice: “Si uno de ustedes presta dinero a algún necesitado de mi pueblo . . . .” Los eruditos señalan que cuando Dios habla acerca de las personas que están en necesidad, se refiere a ellos como “mi pueblo.” Como Abraham Lincoln dijo una vez: “El Señor debe de amar a los pobres porque hizo muchos.” De hecho, Dios tiene un amor especial por los más necesitados.

Shlomo Carlebach, un rabino muy popular en los años 60 y 70, se conocía por su amor sin límites hacia todas las personas. Pero los primeros en su lista eran los necesitados. Hay cientos de historias de cómo el rabino Carlebach se desviaba de su camino para saludar y ayudar a las personas que pedían limosna en las calles. También, tenía una forma especial de dirigirse a ellos: les decía “santo hermano” o “santa hermana” cuando hablaba con ellos, y los llamaba “santos mendigos” cuando hablaba de ellos. Porque eso es lo que creía el rabino Carlebach que eran: seres santos que están aquí para ayudarnos, tanto como nosotros estamos aquí para ayudarles a ellos.

De hecho, una enseñanza de los eruditos es: “Más le da el hombre pobre a los ricos que lo que le da el hombre rico a los pobres.” ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué puede hacer una persona pobre por alguien que lo tiene todo?

Una persona adinerada puede tener todas las cosas materiales y físicas, pero en el reino espiritual se necesita más que eso. Los pobres ayudan a los ricos, dándoles la oportunidad de servir al Señor y así ganarse maravillosas recompensas del cielo. Como dice en Proverbios: “El que es generoso será bendecido, pues comparte su comida con los pobres” (22:9).

Así que la próxima vez que alguien le pida ayuda o usted identifique a alguien en necesidad, recuerde que estas personas representan almas preciosas y santas. Dios los llama “mi pueblo.” Si ellos son el pueblo de Dios, ciertamente deben ser “nuestro pueblo” también, y por lo tanto debemos tratarlos con dignidad, respeto, compasión y amor.