Mentiras que lastiman, palabras que sanan

Señor, líbrame de los labios mentirosos
    y de las lenguas embusteras. — Salmo 120:2

El Salmo 120 es el primero de quince salmos llamados “cantos de ascenso.” Una de las razones por las que estos salmos llevan ese nombre, es que son especialmente propicios para alentar a las personas que se sienten impotentes y desesperanzadas, y llevarlas al punto de poder reconocer que todo es posible con Dios. Al recitar estos salmos, las personas ascienden por encima de las circunstancias y se acercan a Dios.

En este salmo en particular, el rey David expresa preocupación por las mentiras que se decían de él. Al igual que David, el pueblo judío ha sido a menudo el blanco de calumnias y mentiras que tienen la intención de herirlo, e incluso destruirlo. Trátese de los innumerables libelos que se difundieron en Europa, afirmando que los judíos utilizaban la sangre de cristianos inocentes para cocer el matzá de la Pascua, o la propaganda árabe con sus mentiras ideadas para convencer al mundo de que Israel mata intencionalmente a niños, el pueblo judío ha sido víctima de la mentira una y otra vez. Al igual que David, oramos: “Señor, líbrame de los labios mentirosos.

En este salmo, David compara las mentiras con “puntiagudas flechas de guerrero” (v. 4). Los eruditos explican que al igual que una flecha está diseñada para matar de lejos, las falsas palabras acarrean peligro a quienes se encuentran a distancia del hablante. Con razón, David se volvía a Dios en busca de ayuda. ¿De qué otra manera podía protegerse de las flechas puntiagudas que apuntaban hacia él?

A menudo, y de manera muy apropiada, se lee este salmo cuando Israel está en peligro inminente. Destaca el último versículo, en el que David escribió: “Yo amo la paz, pero si hablo de paz, ellos hablan de guerra” (v. 7), pues es el que hace eco en cada israelí, judío y amante de Sion.

Todo lo que siempre ha querido Israel es la paz. Aunque nuestros enemigos también aparentan querer la paz, en repetidas ocasiones han demostrado que lo que quieren es la destrucción completa de Israel; “ellos hablan de guerra.” Cuando nuestros enemigos se dieron cuenta de que no podían derrotarnos militarmente, recurrieron a la vieja táctica antisemita de decir mentiras. Esa es su manera de hacer guerra, y actualmente, gran parte de los medios de comunicación se apresuran a difundir sus engaños como verdades. Esa es la forma en que tratan de derrotarnos. ¿Quién puede proteger a Israel de tales viciosas mentiras?

La respuesta, por supuesto, es Dios. Un día la verdad será clara, y hasta que ese momento llegue, Dios protegerá a su pueblo.

No obstante, tenemos que poner de nuestra parte. Ya sea que se trate de imágenes adulteradas o mentiras flagrantes, tenemos que revelar la verdad y difundirla. Con la tecnología actual, hoy es más fácil que nunca descubrir la verdad y compartirla. Nuestros enemigos pueden usar sus palabras para hacer daño, pero nosotros podemos usar nuestras palabras para sanar. Podemos usar nuestras palabras para decir la verdad, y aún más importante, para orar. Ore por la seguridad de Israel y por protección contra todas las mentiras destructivas.