Más importante que el conocimiento

El principio de la sabiduría es el temor del Señor;
   buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos.
   ¡Su alabanza permanece para siempre! — Salmo 111:10–11

Albert Einstein hizo famosa la idea de que “la imaginación es más importante que el conocimiento.” El conocimiento nos puede indicar qué hacer y cómo hacerlo, pero la imaginación nos lleva a adquirir más conocimiento y a aplicarlo en formas nuevas y creativas. El conocimiento sin imaginación se estanca, es limitado y, con el tiempo, desactualizado.

Sin embargo, según el rey David, hay algo más importante que el conocimiento y la imaginación. Varios milenios antes, David escribió: “El principio de la sabiduría es el temor del Señor . . .” El temor de Dios precede a la sabiduría. Es más importante que el conocimiento, que la imaginación, ¡y que cualquier otra cosa!

¿Por qué?

Los eruditos lo explican de esta manera: Supongamos que usted está en una situación de peligro mortal. ¿Qué es lo más importante que necesita saber? Cómo sobrevivir, ¿cierto? Todo lo demás es irrelevante –toda su experiencia en los negocios, toda la historia, las matemáticas y la ciencia que pueda conocer y dominar– son intrascendentes, a menos que el conocimiento le pueda ayudar a salir de la situación peligrosa en que se encuentra. Sólo después de haber descubierto la manera de salvarse a sí mismo y estar fuera de peligro, es que aquel conocimiento podría valer algo.

El temor de Dios en la esfera espiritual se puede comparar con salvarse a uno mismo en el ámbito físico.

¿Cómo puede ser? Cuando llegamos a este mundo, hay riesgos inherentes. Podemos elevarnos a grandes alturas espirituales si buscamos una vida de piedad, o podemos hundirnos a los niveles más bajos si perseguimos una vida de inmoralidad. De hecho, estamos en gran peligro desde el momento en que nacemos, es decir, en peligro espiritual; y ese es el peligro más grave de todos, porque el mundo espiritual es eterno y todo lo que nos sucede espiritualmente dura para siempre.

Es por esa razón que “el temor de Dios” es lo más importante. Debe preceder a cualquier otro tipo de sabiduría, porque sin él, todo conocimiento es irrelevante.

Hay una historia que se cuenta de un estudiante que se acercó a su rabino con un dilema: sólo tenía una pequeña cantidad de tiempo para estudiar, así que quería saber si debía estudiar la Biblia o el musar, que es el estudio judío de los rasgos de personalidad, incluyendo el temor de Dios. “Estudia el musar,” le dijo el rabino, “porque entonces te darás cuenta de que tienes más que tan sólo un poco de tiempo para estudiar la Palabra de Dios.”

El temor de Dios pone en perspectiva todo lo demás en la vida. Sólo al hacer que él sea el centro de su vida y al juzgar sus acciones a través de las normas de él, es que toda la otra sabiduría vale la pena.