Los leones rugen

Ruge el león; ¿quién no temblará de miedo?” (Amós 3:8, NVI)

La porción de la Torá de esta semana, Vaiéshev, es de Génesis 37:1 – 40:23 y de Amós 2:6 – 3:8.

La conexión entre la porción de la Torá, Vaiéshev, y su Haftará, reside en las similitudes que se describen en el comienzo de la lectura. El profeta Amós describe al pueblo de Israel como inmoral, poco ético e injusto. Para comprobar su premisa, Amós dio el ejemplo de gente que vendía al necesitado por un par de zapatos, una clara alusión a los diez hermanos que vendieron a José y utilizaron el dinero para comprarse zapatos nuevos.

En ambas lecturas hay una grave falta de amor fraternal. El profeta advirtió al pueblo que su comportamiento, en última instancia, conduciría a la destrucción de todos, tal como el cruel acto de los hermanos hacia José finalmente los llevó a todos a la esclavitud. Este es un poderoso mensaje de la Haftará.

Pero hay otro mensaje,  uno tomado de un versículo al final de la selección. El profeta preguntó: “¿Rugirá el león en la selva sin haber presa?” (Amós 3:4, RVR1995). Luego, “Si el león ruge, ¿quién no temerá?”. El primer mensaje de la Haftará puede tratarse del pecado y el castigo que este merece, pero la segunda parte es una advertencia de que el castigo está en camino. Dios nos envía muchas advertencias, como el rugido de un león, que advierte a otros depredadores que una presa ha sido capturada; sigan adelante o enfrenten las consecuencias. Cuando ruge el enemigo, dijo Amós, es mejor escuchar.

Es por eso que este versículo ha captado mi atención. Los enemigos de Israel están rugiendo, en este mismo momento. Como nuestro Primer Ministro ha dicho a menudo: “La historia nos ha enseñado que cuando nuestros enemigos amenazan con destruirnos, debemos tomarlos en serio”.  Sin embargo, ¿lo estamos haciendo?

El presidente de Irán ha declarado abiertamente su intención de borrar a Israel de la faz de la tierra. Los Estados Unidos podría ser su próximo objetivo. Día a día, Irán se está acercando más a la capacidad nuclear. El reloj está corriendo, el león ruge, “¿quién no temerá?”. Pero el mundo se sienta y espera.

Amigos, el momento de tomar en serio la amenaza de Irán era ayer. Pero esto es lo que podemos hacer hoy: tenemos que hacer cambios drásticos dentro y fuera, tenemos que volver a confiar nuestros corazones al Señor y reparar nuestras faltas. Luego, debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para enjaular al león rugiente. Lo que cada persona puede hacer es diferente, pero cada uno de nosotros es necesario para que el cambio ocurra.

Dios nos ha dado el rugido del león como una advertencia. Seríamos tontos si hiciéramos oídos sordos a este aviso. Sería sabio prestar atención al llamado a la acción.