Lo que el dinero no puede comprar

Tienen boca, pero no hablan;

  tienen ojos, pero no ven;

orejas tienen, pero no oyen,

y en sus labios no hay aliento de vida.

Iguales a ellos son quienes los fabrican,

y todos los que ponen su confianza en ellos. – Salmo 135:16-18

Muchas personas sueñan con ganar la lotería. Si bien todos estamos de acuerdo en que el dinero no puede comprar la felicidad, eso no nos impide pensar que tener mucho dinero haría la vida mucho más fácil, y eso nos traería felicidad, ¿cierto?

Considere la historia de Lara y Roger Griffiths. Ellos pensaron que ganar la lotería era lo mejor que les había sucedido, sin embargo ahora dicen que arruinó sus vidas.

Tras ganar la lotería, la pareja comenzó a cumplir todos los sueños que habían albergado desde hacía tiempo. Roger volvió a juntar los miembros de su banda de rock de la secundaria y produjo un disco. Lara abrió un salón de belleza. Los dos entonces compraron todas las cosas que antes no podían permitirse y se tomaron unas lujosas vacaciones. Parece todo un sueño, ¿verdad?

Sin embargo, el sueño se convirtió en una pesadilla cuando Lara descubrió que su marido le había sido infiel. Luego, Roger reveló que su dinero se había acabado, ya que todo se había gastado en  emprendimientos fallidos, malas inversiones y en el despilfarro de ambos. Pocos años después de haberse ganado la lotería, Lara trabajaba en el salón de belleza que una vez había sido suya, Roger vivía con sus padres y el matrimonio de la pareja estaba destruido. ¡Estaban peor que antes de ganarse el gran premio!

El Salmo 135 nos advierte: “Los ídolos de los paganos son de oro y plata, producto de manos humanas” (v. 15). Muchas personas adoran el dinero; lo anhelan, viven por él y lo aman. Sin embargo, el dinero está vacío. Es un ídolo como el salmista describe: “Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven; orejas tienen, pero no oyen, y en sus labios no hay aliento de vida.” No hay vida en los ídolos ni en el dinero, y tampoco puede ninguno de ellos darnos vida.

El salmista continúa advirtiéndonos: “Iguales a ellos son quienes los fabrican, y todos los que ponen su confianza en ellos.” Así como el oro y la plata no tienen la capacidad de ver, oír ni hablar, tampoco la tienen los que confían en aquellos bienes. No verán, escucharán ni dirán la verdad. Estarán ciegos, sordos y hablarán mentiras. Estarán destinados a tomar malas decisiones, lo que resultará en una vida desordenada.

¿Es malo el dinero? ¡Ciertamente no! El dinero, cuando se utiliza correctamente, puede ayudarnos en el camino y el servicio a Dios en esta vida. Sin embargo, es un medio para llegar a un fin y no un fin en sí mismo. Sólo Dios puede llenarnos con la alegría, el amor y la seguridad que todos anhelamos. Sólo Dios puede guiarnos y llevarnos por el más satisfactorio de los caminos. Sólo Dios nos puede dar vida, y eso vale más que cualquier cosa que el dinero pueda comprar.