Lo mejor que USTED puede ser

“‘Si alguien resulta culpable de alguna de estas cosas, deberá reconocer que ha pecado y llevarle al Señor en sacrificio expiatorio por la culpa del pecado cometido, una hembra del rebaño, que podrá ser una oveja o una cabra. Así el sacerdote hará expiación por ese pecado.’” — Levítico 5:5–6

La porción de la Torá de esta semana, Vaikrá, es de Levítico 1:1–5:19 y de Isaías 43:21–44:23.

En su mayoría, los sacrificios fueron prescritos directamente por las Escrituras, pero en lo que se refiere a describir el sacrificio que cada pecador traería, se hacía según una escala proporcional. No todos traían la misma ofrenda cuando pecaban contra Dios. Pero la escala no se determinaba por la gravedad del pecado cometido, sino por la cantidad de dinero que la persona poseía.

Esto significa que una persona acaudalada traía un animal terrestre: “en sacrificio expiatorio por la culpa del pecado cometido, una hembra del rebaño, que podrá ser una oveja o una cabra . . .” Una persona que no podía costear aquel tipo de animal, traía dos pájaros: “‘Si a alguien no le alcanza para comprar ganado menor, entonces le llevará al Señor, como sacrificio por la culpa del pecado cometido, dos tórtolas o dos pichones de paloma’” (Levítico 5:7). Si dos pájaros eran demasiado caros, entonces el pecador traía una ofrenda de granos: “‘Si a esa persona tampoco le alcanza para comprar dos tórtolas o dos pichones, presentará entonces . . . dos litros de flor de harina’” (Levítico 5:11). Es interesante observar que a los pecadores no se les permitía traer menos de lo que podían costear o más de lo que estaba dentro de sus posibilidades.

Los eruditos enseñan que esta prohibición nos da una valiosa lección en cuanto al pecado: ¡Dios no nos juzga con la misma medida! Esto significa que Dios no espera que todos lleguemos a ser la Madre Teresa, pero tampoco nos excusará por convertirnos en algo menos de lo que somos capaces de llegar a ser. Se espera que seamos lo mejor que podemos ser, ¡nada más y nada menos!

Esta idea se ilustra muy bien en una historia sobre el rabino Zusha de Anipoli en el siglo xviii. Mientras el gran rabino Zusha yacía en su lecho de muerte, lloraba y nadie lo podía consolar. Por fin, uno de sus alumnos le preguntó: “Maestro, ¿de qué está tan preocupado? ¡Seguro que será aceptado por Dios!” “No estoy preocupado de que Dios me vaya a preguntar: ‘Zusha, ¿por qué no fuiste tan grande como Abraham o Moisés?’; me preocupa que me vaya a preguntar: ‘Zusha, ¿por qué no fuiste tan grande como Zusha?’”, respondió el santo rabino. Como bien entendía el rabino, Dios nos juzgará de acuerdo a nuestro potencial personal y a lo que hicimos o no hicimos con él.

Un día, Dios nos preguntará qué hicimos con los talentos y habilidades que él nos dio. ¿Cuál será su respuesta? Se dice que en la mayoría de las inscripciones de las lápidas se podría escribir: “Se fue con su potencial completamente intacto.” Que en la nuestra, se lea en cambio: “Se fue con su potencial explotado y completamente dedicado a Dios.”